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Vuelta al cole, brechas digitales e igualdad de oportunidades: ¿están hechos los deberes?

Nunca como este año se había hablado tanto de la vuelta al cole, un hito cotidiano que cada septiembre afecta a todas las familias con hijos e hijas en edad escolar. En un año en el que todos nuestros planes han quedado trastocados por la pandemia del coronavirus, la escuela no ha sido una excepción.

El reto es mayúsculo, crucial, ¿cómo hacer efectivo un derecho fundamental tan importante como el derecho a la educación en estos tiempos de incertidumbre y coronavirus?

Después de que hace seis meses se interrumpieran clases, cursos y evaluaciones, después de la acelerada adaptación que hubo de realizarse para tratar de seguir la actividad educativa por medios online, en estos días los niños y niñas de este país volverán a la escuela para iniciar un curso atípico, distinto a todos los anteriores. El regreso a las aulas es ya una buena noticia por muchas razones y, esencialmente, por lo que supone de garantía para el ejercicio del derecho a la educación, pero también por la importancia fundamental de la escuela como herramienta al servicio de la igualdad de oportunidades.

A nadie se le escapa, sin embargo, que con el actual panorama, lleno de incertidumbres, no sabemos cómo evolucionará la situación y no es descartable el regreso (total, parcial o temporal) a fórmulas de educación a distancia y formatos online de enseñanza y aprendizaje. Ante estas posibilidades, desde Accem, y a partir de la experiencia recabada, queremos advertir de la existencia y relevancia en términos de derechos e igualdad de lo que conocemos como brechas digitales en relación a la educación. Porque, ¿qué supone para muchos niños y niñas perder las clases presenciales y dejar de acudir a la escuela? ¿qué significa tener que seguir el curso en modo online? ¿está previsto cómo garantizar la igualdad de oportunidades en la educación en posibles escenarios de semipresencialidad o regreso repentino a vías digitales exclusivas?

Es fundamental entender que cuando hablamos de seguir clases y cursos por medios digitales tenemos que hablar de desigualdad. De desigualdades sociales que se convierten en desigualdades en términos de inclusión digital y que afectan especialmente a las personas y colectivos que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad, en riesgo de pobreza y exclusión social. 

Durante esta pandemia se han agudizado las desigualdades sociales y se han puesto de manifiesto las brechas digitales. Pero, ¿cuáles son estas brechas digitales? Las explicamos a continuación, divididas esencialmente en tres tipos de brechas:

    Brecha digital de acceso: se refiere a las desigualdades existentes a la hora de acceder a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC de ahora en adelante) o a una conexión adecuada a Internet. Hablamos de las desigualdades en el acceso y mantenimiento de dispositivos tecnológicos como ordenadores, tablets o smartphones, así como en el acceso a conexión en condiciones adecuadas para la exigencia educativa (datos, ADSL, etc.). La brecha digital de acceso está totalmente condicionada por la situación socio-económica de la familia. A estas condiciones generales se suman variables como contar con el número suficiente de equipos en una familia con varios niños y niñas en edad escolar o la eventual imposibilidad de hacer compatible las necesidades del teletrabajo en los padres y madres y la educación online en los hijos e hijas.

    Brecha digital de uso: aquí hablamos de las diferencias que existen en el uso que se realiza de las NTIC, condicionadas por el grado de alfabetización digital, el grado de familiarización con las NTIC y las propias experiencias de uso. Aquí son importantes las desigualdades socio-educativas, condicionadas a su vez por las diferencias económicas. No es lo mismo una familia en la que las NTIC son utilizadas fundamentalmente para, por ejemplo, la comunicación con familiares o amistades, o para el uso y disfrute de las redes sociales, como aquellas otras familias que cotidianamente utilizan los medios digitales para trabajos especializados y actividades complejas. Esta brecha muestra que no basta con el acceso, sino que es esencial el aprendizaje y la experiencia.

    Brecha digital de aprovechamiento o calidad del uso: alude a la desigualdad en los beneficios que pueden aportar las NTIC y en la capacidad para aprovechar las oportunidades que ofrecen, en este caso en el ámbito educativo. Está condicionada por las dos brechas anteriores, es el reflejo del desconocimiento de sus utilidades y potencialidades, de la carencia de competencias digitales avanzadas, de las malas experiencias y miedos ante el manejo de las tecnologías o de sus usos inapropiados. La capacidad de aprovechamiento de las NTIC para la educación escolar exige un acompañamiento continuado que preste atención a las desigualdades en los puntos de partida, pero también en el camino. En este punto, es también importante señalar las barreras añadidas que afrontan las familias refugiadas e inmigrantes, como la idiomática o el posible desconocimiento inicial del funcionamiento del sistema educativo en la sociedad de acogida.

Todas estas brechas, de acceso, uso y aprovechamiento, son interdependientes y se relacionan entre sí, junto con otras variables de importancia como el género, el origen o la situación socio-económica. Actuar sobre estas brechas digitales para avanzar hacia su eliminación es avanzar hacia la igualdad y hacia la efectiva integración y cohesión social y educativa. 

Accem frente a las brechas digitales

Desde Accem investigamos desde hace años sobre inclusión digital y desigualdades en el uso de las nuevas tecnologías. En 2018 publicamos un informe sobre el Impacto de las Brechas Digitales en la Población Extranjera y a principios de 2020 concluyó nuestro estudio sobre  el Impacto de las Brechas Digitales en Niñas y Niños de Familias Migrantes y Refugiadas. En la actualidad nuestro equipo investigador centra su trabajo de campo en las brechas que afectan a los menores que han llegado solos/as hasta nuestro país (referidos en el argot técnico como MENA por menores extranjeros no acompañados).

Pero además de investigar, también trabajamos de manera práctica para superar esas brechas. Durante el confinamiento pudimos repartir tablets a familias de origen migrante o refugiadas. Con el apoyo de Ikea entregamos medio centenar de dispositivos a través de nuestras sedes territoriales de todo el país y con la colaboración de Profuturo (programa impulsado por Fundación Telefónica y Fundación ¨la Caixa¨) hicimos llegar dos centenares a hogares con varios menores, que pudieron compartir el uso de las tablets.

Covid-19: La necesidad de proteger

Para una entidad como Accem, que sitúa a la persona en el centro de todos los valores que la definen y que tiene como misión la defensa de los derechos fundamentales, la atención y acompañamiento a las personas que se encuentran en situación o riesgo de exclusión social, el cuidado de las personas con las que trabajamos y del personal que forma el equipo Accem es nuestra principal preocupación.

Por ello apelamos a la responsabilidad individual y colectiva para que entre todos y todas consigamos frenar la expansión de la epidemia al tiempo que cuidamos de las personas y nos cuidamos. Es por esto que hacemos un llamamiento a las autoridades, a los Ayuntamientos de las localidades, para que:

  • Se tomen las medidas necesarias para evitar que esta situación incremente la desigualdad, la falta de cobertura de las  necesidades básicas y la atención a quien más lo necesita.
  • Se habiliten espacios para población en situación de vulnerabilidad que respondan a la especial situación de emergencia. Que faciliten respetar las normas de seguridad y prevención básicas al tiempo que permitan que no se dejen de proporcionar los servicios básicos a las personas que se encuentran en una situación de mayor desamparo.
  • Somos conscientes de la necesidad e importancia de nuestra labor, pero para poder cuidar hemos de cuidarnos y para ello necesitamos tener acceso a los medios y recursos necesarios, al igual que los y las profesionales sanitarios y de seguridad, que nos permitan trabajar en un entorno seguro.

Nuestro sentido de la responsabilidad y de colaboración para con el bien común ha determinado que, en la medida de lo posible, todo aquel personal que pueda desarrollar sus tareas desde el domicilio lo haga y que se quede en casa. Pero no podemos ni debemos, como sociedad, dejar de dar atención a quien más lo necesita y que, ante una situación así, incrementa aún más su vulnerabilidad.