¿Qué diferencias hay entre la trata y el tráfico de personas?

La trata y el tráfico de personas continúan a día de hoy, y pese a los esfuerzos de instituciones y organizaciones sociales, confundiéndose muy a menudo como si fueran conceptos intercambiables para nombrar a una misma realidad. Pero lo cierto es que no es así, sino que se refieren a dos fenómenos diferenciados.

En este artículo nos proponemos aclarar todas las diferencias (y también las semejanzas) entre trata y tráfico de personas para que no volvamos a tener dudas.

En primer lugar, vamos a aludir a la UNODC, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, institución clave en la materia que menciona tres aspectos muy importantes a tener en cuenta en esta diferenciación entre trata y tráfico:

Consentimiento:

Cuando hablamos de tráfico de personas migrantes, existe consentimiento por parte de las víctimas, a pesar de las pésimas condiciones en las que se pueda producir el viaje o desplazamiento o de los riesgos que entrañe (en patera, en camiones frigoríficos, en habitáculos imposibles en vehículos, etc.).

Sin embargo, en el caso de la trata de personas, no existe consentimiento por parte de la víctima e incluso, de existir ese consentimiento, se considera irrelevante, viciado e inválido al haber sido obtenido a través de circunstancias que limitan la voluntad, como el abuso de poder, la violencia, la coacción o el engaño.

Transnacionalidad:

El tráfico ilícito de personas implica siempre el cruce de fronteras internacionales. La víctima se desplaza de un país a otro, en el que ingresa de manera irregular.

En el caso de la trata de personas, no existe necesariamente este desplazamiento transnacional. La víctima de trata puede ser desplazada de un lugar a otro dentro de un mismo país. Existe por tanto una trata de ámbito nacional y otra de ámbito internacional, que sí implicaría ese desplazamiento transnacional. Asimismo, no todas las víctimas de trata son personas que han entrado de forma irregular en el país de destino.

Explotación:

Cuando hablamos de tráfico de personas, hablamos de un delito que queda consumado con el cruce de fronteras, una vez que la persona migrante ha llegado a su destino.

Sin embargo, el delito de trata de seres humanos se define por su finalidad de explotación de la víctima, de forma continuada, ya sea a través de la explotación sexual o laboral, o a través de otras formas de trata como la servidumbre por deudas o como la explotación de la mendicidad. Es decir, la víctima llega al lugar de destino y no es libre, sino que es explotada por el tratante.

 

Junto a estas diferencias fundamentales entre la trata y el tráfico de personas que identifica la UNODC, existen una serie de aspectos adicionales que también son importantes a la hora de saber discernir ambos fenómenos:

Factor económico:

Lo más habitual es que en los casos de tráfico ilícito de personas el pago por el traslado se realice de forma anterior a que se produzca el servicio. Es decir, una persona paga al traficante para que le facilite un servicio, que en este caso es el cruce de una o varias fronteras.

Por el contrario, en los casos de trata de personas, la transacción económica no se materializa antes del viaje, sino que se genera una deuda que constituye un elemento clave en la posterior retención, coacción y explotación de la víctima.

Restricción del movimiento:

En el caso de las víctimas del delito de tráfico de personas, cuando llegan al país de destino no tienen por regla general ninguna restricción en sus movimientos. Pueden observarse situaciones de retención forzosa o restricción de movimientos, pero con anterioridad a que se realice el viaje.

Sin embargo, en el caso de las víctimas de trata, y al margen de que pueda producirse esa misma retención previa antes del viaje, el control de los movimientos, la restricción y vigilancia continúan siempre en el lugar de destino, para asegurarse la explotación de la persona. Este control se convierte en algunas ocasiones en casos de encierro forzoso.

Bien jurídico protegido:

En el tráfico ilícito de personas, el bien jurídico fundamental que se protege es el interés de los estados en controlar los flujos migratorios y sus límites fronterizos. Estaríamos ante un delito contra los intereses del estado receptor y contra sus leyes migratorias. Esto no omite que el tráfico ilícito de personas pueda suponer también un atentado contra la seguridad de las personas, cuando las condiciones impuestas para el desplazamiento son lesivas y altamente peligrosas para sus víctimas, cuya vida se pone a menudo en peligro.

En cuanto al delito de la trata de personas, estamos ante una vulneración flagrante de los derechos fundamentales de las personas. El uso de la fuerza, la coacción, el chantaje, la amenaza, el control y, finalmente, la explotación continuada hacen de la trata de personas una violación muy grave de los derechos humanos. En este caso, el bien jurídico protegido es la misma dignidad humana.

 

Semejanzas entre trata y tráfico de personas

Expuestas todas estas diferencias, es importante también poner sobre la mesa algunos de los aspectos que coinciden en ambos fenómenos. Es común a las personas tratadas y traficadas la situación de riesgo para su vida e integridad en las que se ven inmersas durante la perpetración de ambos delitos. Es común la situación de vulnerabilidad de las personas víctimas de trata y de tráfico de personas. Es común el objetivo de lucro o beneficio económico de traficantes y tratantes.

Otra importante semejanza es la existencia de un traslado o desplazamiento de la víctima de trata o de la persona traficada. Muy a menudo además coinciden las mismas rutas, que son las rutas de la migración, así como los medios de transporte y las condiciones en las que se produce el viaje. No debemos olvidar que la trata es un fenómeno que se aprovecha y parasita el legítimo deseo de la migración unido a la situación de vulnerabilidad.

Estas semejanzas evidentes contribuyen a que se confundan ambos fenómenos, en una confusión que aumenta cuando, en ocasiones, personas que fueron traficadas son posteriormente víctimas de trata, o cuando las mismas redes delictivas incurren de forma paralela en delitos de tráfico y trata de personas.

Hay un elemento más de carácter lingüístico que no tiene una importancia menor para la confusión de ambos fenómenos y es que la voz inglesa que se refiere al tráfico de personas es ‘smuggling’, mientras que la trata de personas es referida precisamente como ‘trafficking’. Esto no contribuye en nada a la diferenciación de trata y tráfico de personas a ojos no especializados.

En definitiva, la realidad es que estamos ante dos delitos jurídicamente diferentes, ante dos negocios lucrativos ilícitos que generan enormes cantidades de dinero, pero que aluden a realidades distintas, que comparten aspectos comunes que hacen comprensible esa confusión pero que también presentan una serie de diferencias de calado que demandan un abordaje diferenciado.

En Accem contamos amplia experiencia de trabajo tanto en el ámbito de las migraciones como en el de la lucha contra la trata de personas que te invitamos a conocer y apoyar.

 

 

Cierre en Huelva del proyecto europeo Youth Work 2.0 en el que Accem ha participado

Con motivo del cierre del proyecto europeo de juventud Youth Work 2.0, la pasada semana 17 educadores, técnicos y trabajadores sociales de Accem en Huelva asistieron de manera virtual a un seminario organizado por la empresa social andaluza Inercia Digital para presentar los resultados finales del proyecto.

Durante el webinar se agradeció la involucración del equipo de Accem en Huelva en los talleres con jóvenes realizados en el pasado mes de octubre y se presentaron los frutos del proyecto en forma de recursos y herramientas didácticas para ser utilizados por educadores y monitores y por todas las personas que trabajan con jóvenes, con el objetivo de lograr una mejor inclusión social entre jóvenes de distintos entornos, culturas e ideas.

El objetivo principal del proyecto Youth Work 2.0 es aportar métodos y recursos para lograr una mejor integración social de jóvenes con menos oportunidades en grupos mixtos, a la vez dotando a trabajadores juveniles de herramientas y formación específica para lograrlo.

A comienzos de 2020, Accem e Inercia Digital firmaron un convenio en Sevilla que ha posibilitado la colaboración mutua en varios proyectos, centrados todos ellos en la mejora continua de la formación, la innovación en competencias digitales y el emprendimiento, para contribuir de este modo a los retos digitales, económicos, sociales y culturales de nuestro tiempo.

En el marco del proyecto Youth Work 2.0 se han desarrollado una serie de productos ya disponibles para su uso, como son la publicación “Llegando a los jóvenes marginados”, que contiene los resultados de una investigación a nivel europeo; un manual para trabajadores/as que trabajen con jóvenes; un juego de mesa y una plataforma de aprendizaje online. Todos los materiales están disponibles desde el sitio web del proyecto.

Una incertidumbre compartida

“Hablo a diario con mi familia en Togo y estoy muy preocupado ante la posibilidad de que el coronavirus se extienda allí con virulencia”

Kossi Simeon piensa estos días qué hubiese sido de él si la pandemia del coronavirus hubiese llegado hace 13 años, en 2008. Ese fue el año qué salió de Togo, un pequeño país de África occidental. Simeon se había convertido en un periodista muy incómodo para el poder de su país y tuvo que huir para salvar su vida y empezar una nueva en España. “Los primeros meses aquí no entendía nada, ni el idioma, ni los lugares a los que debía ir ni lo que tenía que hacer”, explica Simeon, “no sé cómo hubiese gestionado lo que implica la pandemia en esas circunstancias”.  Leer más

Día Mundial de la Justicia Social: “Un llamamiento a la justicia social en la economía digital”

  • La pandemia ha dejado aún más en evidencia las dificultades en el acceso a la tecnología de las personas migrantes y refugiadas en España.
  • En el Estudio sobre las necesidades de la población inmigrante en España: tendencias y retos para la inclusión social; y en el Informe Brechas digitales en menores extranjeros no acompañados analizamos estas cuestiones.

Cada 20 de febrero se celebra el Día Mundial de la Justicia Social y el tema para este 2021, impulsado por las Naciones Unidas es “Un llamamiento a la justicia social en la economía digital”. Durante 2020 el mundo tembló ante una pandemia sin precedentes. El avance de la tecnología propició el teletrabajo y la continuidad de la escolarización y demás estudios desde casa.

La Covid- 19 dejó al descubierto la creciente brecha digital en lo que respecta a la disponibilidad, al acceso y uso de la información, las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs) y el acceso a Internet, lo que ha agravado las desigualdades existentes.

En el Estudio sobre las necesidades de la población inmigrante en España: tendencias y retos para la inclusión social publicado por Accem al cierre de 2020, se evidencia que las dificultades de la población extranjera con el uso de las nuevas tecnologías es un problema de gran relevancia debido a la situación de crisis sanitaria. “Afecta tanto a niños/as en edad escolar como a personas adultas ya que una parte importante de las formaciones se están realizando vía online”.

En el estudio se señala que entre las principales dificultades que se seleccionan respecto a esta área se encuentran: “no tener acceso a internet o datos móviles” y la “falta de competencias específicas en el uso de las TICs”. No disponer de herramientas digitales y acceso a Internet o datos móviles repercute en el retraso de la educación de niños y niñas en edad escolar y supone una importante limitación a la población adulta para realizar formaciones que faciliten la mejora de sus capacitaciones.

“La mejora del nivel del idioma, así como de las competencias en el manejo de las tecnologías de la información y las comunicaciones contribuiría de forma importante a mejorar las posibilidades de acceso al mercado laboral en condiciones de legalidad”.

El empleo de herramientas digitales venía siendo un proceso demandante en la sociedad actual que, debido a la irrupción de la pandemia, se ha acelerado de forma importante. En el Informe Brechas digitales en menores extranjeros no acompañados, también realizado por Accem en el último año, se evidenció que en los centros donde son acogidas estas niñas, niños y adolescentes tuvieron que adaptarse a la “nueva normalidad” digital y buscar el modo de obtener un mayor acceso en cuanto a equipos y wifi, que facilitara una mayor conectividad para el uso educativo y recreativo de estos menores en situaciones vulnerables durante el confinamiento.

En la actualidad, tener a disponibilidad estas herramientas no es una opción sino una necesidad básica e imprescindible para estar incluidos en la sociedad. Son necesarias en el empleo, en la educación, en la vida diaria para establecer redes sociales, para tramitar documentos con la administración, etc. Un amplio porcentaje de población inmigrante y refugiada, y en general población en situación de vulnerabilidad no tienen acceso a un equipamiento tecnológico adecuado, Internet o datos móviles lo que dificulta de forma importante su inclusión social. Hemos de afrontar este reto para no dejar a nadie atrás.

Accem se adhiere al Pacto Digital para la Protección de las Personas

Accem se ha adherido al Pacto Digital para la Protección de las Personas, una iniciativa de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) para conseguir un gran acuerdo por la convivencia ciudadana en el ámbito digital, que haga compatibles “la protección de datos con la innovación, la ética y la competitividad empresarial”.

Más de 40 entidades se han unido ya a este Pacto, por el que manifiestan su compromiso con las personas a través del derecho fundamental a la protección de datos y su privacidad, tanto para los clientes y usuarios de sus servicios, como para el personal de cada organización, mediante un uso responsable y ético de la tecnología.

A través de esta iniciativa se pretende concienciar al conjunto de la ciudadanía sobre las consecuencias de difundir contenidos sensibles a través de internet. Con esta adhesión, las entidades firmantes nos comprometemos, entre otras cosas, a difundir el Canal Prioritario para para solicitar la eliminación urgente de contenidos sexuales y violentos difundidos sin consentimiento en internet.

El Pacto Digital para la Protección de las Personas está compuesto por tres documentos: la carta de adhesión, el compromiso por la responsabilidad en el ámbito digital y el decálogo de buenas prácticas en privacidad para medios de comunicación y organizaciones con canales de difusión propios. Estos instrumentos tienen como fin ser útiles para reforzar el compromiso con el valor de la privacidad y la importancia del adecuado tratamiento de los datos personales, también en el entorno laboral, así como para la lucha contra la violencia digital. Entre los puntos del decálogo, se incluye que “los adheridos se abstendrán de identificar a las víctimas de la difusión de contenidos sensibles o de publicar información de la que, con carácter general, pudiera inferirse su identidad cuando se trate de personas sin relevancia pública”.

Accem se une al Pacto Digital para la Protección de las Personas para reforzar nuestro sistema de calidad, así como dando continuidad a nuestra trayectoria de trabajo en materia digital a través de iniciativas que promuevan la convivencia, protejan a las personas y contribuyan a un uso sostenible y responsable de las tecnologías de la comunicación. Accem se une a una larga lista integrada tanto por otras organizaciones de prestigio del Tercer Sector, como Cruz Roja Española, Fundación Unicef o Acción Contra el Hambre; grupos de comunicación como Mediaset, Atresmedia o RTVE; o entidades empresariales como la CEOE y CEPYME.

> Accede aquí al certificado de reconocimiento de la AEPD a Accem como entidad adherida al Pacto Digital para la Protección de las Personas.

> Para más información, pincha aquí.

 

Personas sin hogar comparten las vivencias de su primera noche en la calle en la nueva campaña de Accem en Valencia

Accem ha lanzado una nueva campaña de sensibilización en Valencia dedicada al conjunto de la ciudadanía en relación a la realidad del sinhogarismo y las personas que se encuentran en esta situación de extrema vulnerabilidad.

Esta campaña está compuesta por un vídeo principal titulado “Mi primera noche”, en el que a través de los testimonios directos de varias personas, usuarias habituales del centro de día de Accem en Valencia, nos podemos acercar directamente a los sentimientos de las personas que se ven abocadas a vivir esa primera noche en la calle. Relatan sus vivencias y sensaciones: el miedo, la sensación de fracaso, de inseguridad, tristeza, soledad, etc.

A las carencias materiales y a la vulnerabilidad intrínseca a vivir en la calle, se une la invisibilidad que sienten que padecen por parte del conjunto de la sociedad. Rodeadas de gente que va y que viene de sus ocupaciones, pasan las horas sin hablar con nadie, solas, al margen de casi toda la vida social de nuestras calles. Los demás acabamos normalizando su presencia, de manera que estas personas, a quienes vemos al recorrer la ciudad, a menudo ubicadas siempre en el mismo lugar, se convierten casi en un elemento más del paisaje, llegando a pasar inadvertidas, sin que nos paremos a pensar quiénes son y por qué sigue habiendo a día de hoy personas que viven en la calle.

Con este vídeo desde Accem queremos hacer llegar al conjunto de la ciudadanía las voces de las personas sin hogar que viven en la ciudad de Valencia, con el objetivo de ayudar a empatizar con ellas, a ponernos en su lugar e interesarnos por su situación.

Junto al vídeo principal (y sus versiones para redes sociales), esta campaña de sensibilización se compone de una serie de cuatro audios que recogen los testimonios de vecinos y vecinas de Valencia, de diferentes edades, profesiones, etc. Planteamos una serie de preguntas para conocer cuál es la percepción de la ciudadanía sobre las personas sin hogar: quiénes son, cómo imaginan su vida, cuántos son en la ciudad de Valencia o cuál es su esperanza de vida.

Con estos audios, con estas opiniones, pretendemos que la ciudadanía se pare a pensar sobre ello. Estos testimonios nos permiten reflejar en un espejo nuestras propias opiniones y percepciones sobre un colectivo de personas que se enfrenta cada día a la cara más severa de los procesos de exclusión social.

La exclusión residencial es un fenómeno heterogéneo. Hay tantas circunstancias y motivos como personas en situación de sinhogarismo. Es una realidad que cada vez padecen más personas en nuestras ciudades y que tiene un elemento compartido: la imposibilidad del acceso y ejercicio de un derecho fundamental, el derecho a una vivienda. Hablamos de personas que son privadas del acceso a una vivienda, a un trabajo, a los recursos necesarios para el sustento personal. Personas que se enfrentan también a la soledad, al miedo, a la ruptura de vínculos familiares y sociales y, en definitiva, a la pérdida de la verdadera red social imprescindible para la vida.

> Accede aquí a al canal de YouTube de Accem y todos los materiales de la campaña.

Más de 800 personas en situación de sinhogarismo en Valencia

Según el último censo realizado en la ciudad de Valencia el pasado 24 de octubre de 2020, se identificó a un total de 831 personas en situación de sinhogarismo, de las cuales 570 personas vivían en la calle y 261 residían en algún recurso social con alojamiento, como pueden ser los albergues. Un 68 % de las personas en esta situación eran hombres y la edad media se situaba en los 43,7 años.

Casi un 41 % de las personas con las que se habló al realizar el censo declararon no tener ningún ingreso y otro 22,5 % afirmaban contar solo con el dinero obtenido de pedir en la calle. Un tercio de los encuestados llevaba menos de seis meses en esta situación.

La vida en la calle también afecta de manera decisiva a la salud. La esperanza de vida cae una media de 20 años para las personas en situación de sinhogarismo. En Valencia, un 23,6 % de las personas identificadas en el último censo presentaban alguna enfermedad crónica relacionada con la salud mental; un 20,9 % alguna enfermedad crónica en su salud física y un 19,1% algún tipo de dolencia de tipo cardiovascular.

Las personas en situación de sinhogarismo se enfrentan también a la aporofobia, término que utilizamos para definir el odio o rechazo hacia los más pobres. Las personas sin hogar sufren discriminación, insultos, vejaciones, agresiones e incluso, en los casos más graves, violaciones y asesinatos. Como siempre, para las mujeres sin hogar la realidad es aún más dura, los riesgos y peligros mayores, como también las formas de violencia.

Los datos del estudio de Valencia también corroboran estas afirmaciones. El 81 % de las personas sin hogar en la ciudad de Valencia aseguran haber padecido violencia física o verbal y una de cada cuatro mujeres denuncia haber sufrido violencia sexual.

Desde Accem queremos invitarte a ver y escuchar estas piezas de vídeo y de audio, a escuchar sus voces, sus testimonios, y, sobre todo, a VER a las personas sin hogar que tenemos cerca de nosotros/as, en nuestros barrios, en las calles por las que pasamos cada día. A interesarnos por ellas.

Esta campaña de sensibilización, realizada por Accem, ha sido posible gracias a la financiación de la Generalitat Valenciana.

Accem cuenta en Valencia con el centro de día “Blanquita” dirigido a personas sin hogar, en el que se dan servicios de apoyo y se lleva a cabo una intervención psicosocial orientada a la reducción de daños y al fomento de la participación social. En el centro se prestan servicios de desayuno, consigna, apoyo a la higiene (incluyendo servicio de duchas), entrega de vestuario, entrega de alimentación, así como servicio de información, orientación y atención social. En 2020 fueron atendidas en el centro un total de 286 personas, 241 hombres y 45 mujeres. 

El nombre del centro, “Blanquita”, recuerda a la primera mujer sin hogar conocida en la ciudad de Valencia.

> Conoce más sobre el trabajo de Accem con las personas sin hogar.

 

 

 

UE – Frontera Sur: cambian las rutas, pero no la necesidad de emigrar

Cada año, miles de personas intentan llegar hasta los países de la UE en busca de mejores oportunidades para vivir, en busca de seguridad, libertad y prosperidad. La falta de vías reales, legales y seguras para alcanzar ese sueño las obliga a tomar rutas alternativas, a través de viajes muy peligrosos, en los que sus propias vidas e integridad se ponen en grave riesgo y por los que deben pagar un enorme precio en todos los sentidos.

En 2020, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) a través del proyecto Flow Monitoring, se registró la llegada por vías irregulares de 95.362 personas a la Unión Europea (datos actualizados a enero de 2021). De este total, 86.042 personas llegaron por vía marítima y 9.320 por tierra. Esta cifra representa el número más bajo de la serie histórica de los últimos cinco años.

Llegadas de personas migrantes a la UE por vías irregulares. Serie histórica 2016-2020

Muchas de las personas que emprenden camino a Europa lo hacen huyendo de la guerra, de situaciones de violencia de las que deben ponerse a salvo, de formas graves de persecución, por sus ideas, sus creencias religiosas, su origen étnico, su género o su orientación sexual, por poner solo algunos ejemplos. Otras muchas inician su viaje dejando atrás situaciones de importantes carencias económicas, desempleo masivo y falta de perspectivas de futuro. Unas y otras causas representan lo que llamamos el ‘efecto expulsión’ que obliga a las personas a migrar. Tomar la decisión de dejar todo atrás no es nunca una decisión fácil.

El sueño es Europa. Pese a sus contradicciones y a las propias desigualdades sociales y económicas que alberga en su interior, la Unión Europea continúa representando en el mapa global una isla de prosperidad y libertades que genera sueños y expectativas, deseos de participar y formar parte. Es este el verdadero ‘efecto llamada’ y no depende de coyunturas concretas ni de medidas específicas de cualquier gobierno de cualquier país europeo en cualquier momento determinado.

Cuando existe un país de destino específico, esa elección, que es más una preferencia, responde a la presencia en ese país de familiares, parientes o amigos que les antecedieron en el viaje, sembrando idénticos sueños de superación; a la existencia de un vínculo histórico o lingüístico consecuencia de un pasado colonial, como ocurre por ejemplo con Francia en gran parte de la migración africana; o de elevados niveles y expectativas de desarrollo económico, como representarían Alemania y el Reino Unido (fuera ya de la UE).

Sin embargo, para alcanzar esa meta, esos países de destino, lo primero es conseguir entrar en territorio europeo. Y cuando es prácticamente imposible hacerlo por vías regulares, como podría ser un simple vuelo en avión, la única opción para los habitantes del sur global es buscarse la vida y atravesar las fronteras por sus propios medios. Por su situación geográfica entre dos mundos tan desiguales, la frontera sur de la UE, la que separa Europa de África, representa uno de los grandes focos de la migración y probablemente la frontera más peligrosa del mundo. Esta frontera, exceptuando los dos enclaves europeos en el continente africano que son Ceuta y Melilla, la constituye de un modo rotundo el mar Mediterráneo.

 

LA FRONTERA SUR DE LA UE: UN MISMO MAPA

Si dividimos geográficamente la frontera sur de la UE, nos encontramos con un Mediterráneo Oriental por el que los migrantes intentan llegar desde Turquía a las costas de Grecia y Chipre; con un Mediterráneo Central para atravesar en dirección a Italia o Malta y con un Mediterráneo Occidental que conduciría a las costas españolas. En este último caso, en la frontera suroccidental de Europa que corresponde a nuestro país, el Mediterráneo se completa con las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, así como con las Islas Canarias, ya en el Océano Atlántico, situadas frente a la costa noroccidental africana.

En 2020, los datos de la OIM nos dicen que la ruta occidental, la dirigida a España, acumuló el 44 % de las llegadas a Europa; Italia concentró el 36 % y Grecia el 15 %. En términos relativos, en comparación con el año anterior (2019), se registró un descenso del 80 % en las llegadas a Grecia, un aumento del 29 % en las llegadas a España y un crecimiento del 198 % en el caso de Italia. Esto es una muestra de que las rutas hacia Europa, como lo es el movimiento humano, son dinámicas, flexibles, cambian, oscilan, se modifican continuamente, en función de múltiples factores. Si algo enseñan los desplazamientos humanos es que, aunque las rutas puedan cambiar, cuando existe la necesidad de migrar siempre se encontrará el camino.

Rutas de llegadas a Europa a través de su Frontera Sur


En clave nacional
, en 2020, y según los datos del Ministerio del Interior, llegaron a España un total de 41.861 personas, de las que 23.023 personas, el 55 % del total, lo hicieron a través de las Islas Canarias, que por tanto concentraron, especialmente en los últimos meses del año, la mayoría de las llegadas a Europa a través de nuestro país. El número de personas que llegaron al archipiélago canario fue muy superior a las 2.687 personas que arribaron a este territorio en 2019, y estuvo acompañado de un descenso del 24 % en las llegadas por vía marítima al resto de España y de una caída del 72 % en las llegadas a través de las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla.

Llegadas de personas migrantes a España por vías irregulares 2019-2020

Pero más allá de todos estos datos concretos, es imprescindible incidir que los países del sur de Europa, los países que hacen frontera, son casi siempre estaciones de tránsito, representan únicamente una primera meta en el camino de las personas migrantes. Dentro de estos países fronterizos, y como antesala al continente, existen una serie de islas –e incluso islotes-, que representan los puertos más accesibles, las travesías más cortas: las mejores opciones. Son islas como Lesbos, Samos y Chios en Grecia; Lampedusa en Italia; Malta; o Ibiza, Formentera, las Islas Canarias e incluso la isla de Alborán en España. Todos estos nombres, todos estos enclaves geográficos, dibujan, en este primer cuarto de siglo XXI, un mismo mapa fronterizo de sueños y posibilidades, de alegrías y sufrimientos, donde la UE en su conjunto debe garantizar la protección de los derechos de las personas recién llegadas, la atención humanitaria y también el apoyo a las poblaciones locales que deben asumir el primer esfuerzo de la acogida.

Éxito de participación en la formación de Accem y la Universidad de Valladolid

Entre el 1 y el 4 de febrero, la Escuela de Formación de Accem ha ofrecido, junto a la Universidad de Valladolid, un curso online de 25 horas de duración sobre la intervención con personas migrantes y refugiadas.

Un total de 83 personas, en lo que estimamos un éxito de participación, se han sumado a esta iniciativa fruto de la colaboración de nuestra entidad con el Observatorio de Derechos Humanos, el Área de Cooperación al Desarrollo y la Fundación General de la Universidad de Valladolid.

Se trataba de una formación de carácter teórico-práctico cuyo objetivo principal era proporcionar a los y las participantes herramientas jurídicas, legales, asistenciales y sociales para la atención a este colectivo. Este curso desde Accem lo concebimos como un primer paso para iniciarse en el trabajo interdisciplinar con personas en situación de migración y refugio, desde la óptica de la defensa de los derechos fundamentales y nuestra experiencia en la atención social, acogida e integración a este colectivo.

Las sesiones del curso se han dividido en cinco módulos. En ellos se han tratado temas como los procesos de inclusión social, las dinámicas de discriminación, la influencia de los conflictos internacionales en los movimientos migratorios y, por último, el sistema estatal de acogida y protección internacional.

Para esta formación, hemos contado con ponentes muy reconocidos y con amplia experiencia en su profesión, como es el caso de Ángeles Solanes, catedrática de Filosofía del Derecho y presidenta del Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial o Étnica (dependiente del Ministerio de Igualdad); Joaquín Arango, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y codirector del Grupo de Estudios sobre Migraciones Internacionales (GEMI); o Agni Castro Pita, ex representante de ACNUR en España, entre otros.

 

El viaje de Takukam Toukam: solidaridad de ida y vuelta

“Salí de mi país, Camerún, un lugar jodido, y crucé África en apenas un mes, hasta llegar a Marruecos”. Pero lo que parecía al principio que iba a ser tarea fácil se terminó tornando en un infierno”.

Takukam Toukam lleva a su espalda una mochila cargada de experiencias que le sirven en su trabajo diario como técnico en el programa de atención humanitaria a inmigrantes que desde Accem desarrollamos en el Centro de Día de Emergencia Social (CEDIES) de Valencia, en el que atendemos a cerca de 300 personas en situación de calle.

Muchas de esas personas sin hogar son migrantes que, como Toukam, dejaron sus países de origen buscando un futuro mejor.

Este camerunés pensó que la vida en Europa iba a ser fácil. Por eso, no dudó en embarcarse en una aventura que a punto estuvo de costarle la vida. A él le llevó tres años conseguir llegar a España. Leer más

Formación en Asturias junto a Dicampus para mejorar la empleabilidad en el sector del comercio

Ahora más que nunca toca reinventarse e invertir nuestro tiempo en mejorar nuestras competencias y habilidades profesionales en sectores como el comercio, un sector emergente a pesar de las dificultades que nos rodean.

En Asturias hemos desarrollado, junto a Dicampus, una formación adaptada a las necesidades detectadas en las organizaciones, aprovechando el potencial de cada una de las personas participantes adquirido en sus experiencias laborales anteriores.

Desde el equipo de inserción sociolaboral de Accem, hemos realizado un análisis de la situación del mercado laboral durante estos meses y hemos aunado fuerzas con la entidad de formación para sacar el máximo partido a los contenidos del curso.

El principal objetivo es acercar el mundo empresarial del comercio y la venta a las personas participantes, de cara a mejorar sus posibilidades de inserción laboral.

Con este objetivo, a finales del año 2020, desarrollamos esta acción formativa, de más de 100 horas de duración, en las instalaciones de Dicampus Gijón. Entre los contenidos, cabe destacar, el manejo de las nuevas tecnologías aplicadas a la venta, los conocimientos de logística y aprovisionamiento o la práctica de las técnicas de atención y orientación al cliente.

Además, como colofón final del curso, el equipo de empleo de Accem en Asturias nos desplazamos a las instalaciones de Gijón para que las personas participantes pudieran conocer de primera mano cómo se trabaja en una empresa de este sector y cuáles son las competencias socio-profesionales más demandadas por los reclutadores de empleo, entre las que destacan, no solo disponer de formación y experiencia, sino aspectos actitudinales hacia el trabajo y la polivalencia para desempeñar diferentes puestos de trabajo.

Estas acciones se enmarcan en el “Programa de integración sociolaboral para personas refugiadas (AccemARIADNA)” y el “Programa de integración sociolaboral de personas inmigrantes (#empleandojuntxs)” ambos financiados por la Dirección General de Integración y Atención Humanitaria, dependiente del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y el Fondo Social Europeo (FSE).