Una incertidumbre compartida

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“Hablo a diario con mi familia en Togo y estoy muy preocupado ante la posibilidad de que el coronavirus se extienda allí con virulencia”

Kossi Simeon, Técnico de primera acogida de protección internacional de Accem en Zaragoza

Kossi Simeon piensa estos días qué hubiese sido de él si la pandemia del coronavirus hubiese llegado hace doce años, en 2008. Ese fue el año qué salió de Togo, un pequeño país de África occidental. Simeon se había convertido en un periodista muy incómodo para el poder de su país y tuvo que huir para salvar su vida y empezar una nueva en España. “Los primeros meses aquí no entendía nada, ni el idioma, ni los lugares a los que debía ir ni lo que tenía que hacer”, explica Simeon, “no sé cómo hubiese gestionado además el confinamiento en esas circunstancias”.

Lo tiene muy en mente porque Kossi Simeon trabaja ahora desde la delegación de Accem en Zaragoza para personas que están pasando lo que él vivió entonces. Habla cada día con la mayoría de las 127 personas que se encuentran fase previa del programa de acogida, es decir, que están a la espera de plaza. Algunas viven en pisos de Accem, otras en hostales. Atraviesan un momento de incertidumbre parecido al que recuerda Simeon.

“Por eso es tan importante que la información les llegue en su idioma, mantener el contacto con ellos, explicarles todo bien”. Algunas de las personas con las que habla a diario vienen de países en guerra “donde se pueden escuchar las bombas desde casa”. Pero esta “es una situación distinta, es algo nuevo, hace falta explicarlo bien y adaptarse a las normas de higiene y distanciamiento, que sepan a dónde pueden recurrir si se encuentran mal o necesitan algo”.

Como nos pasa a la mayoría, el ordenador se ha convertido para Simeon en la ventana desde la que comunica con el mundo. Y a través de ese aparato también se asoma a la realidad de su país de origen. “Hablo a diario con mi familia en Togo y estoy muy preocupado ante la posibilidad de que el coronavirus se extienda allí con virulencia.” La sanidad no es como la de aquí, apenas hay medios para protegerse del contagio y el confinamiento es una opción imposible para muchos de sus compatriotas. “Muchos viven al día, de lo que consiguen vender cada mañana en el mercado, me da terror pensar que tengan que elegir entre morir del virus o de hambre.”

Las reglas de confinamiento en las que vivimos son para Simeon también una muestra de solidaridad hacia las personas mayores y las más vulnerables al virus y también hacia el resto del mundo. Cuanto más hagamos por frenar el contagio aquí, más vidas salvaremos en España y más bajo será el riesgo de que el virus se extienda por otros países.

Simeon sigue trabajando y poniendo de su parte para que así sea convencido de que es el momento de la fraternidad, seguro de que saldremos de esta con unas relaciones humanas más fuertes.

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