Entradas

20 de Junio – Comunicado de Accem por el Día Mundial de las Personas Refugiadas

ACOGER: CUESTIÓN DE HUMANIDAD Y DE DERECHOS
UN PASO HACIA OTRA POLÍTICA EUROPEA

La habilitación de vías seguras y legales para las personas refugiadas y migrantes
es la única medida que evitará muertes y sufrimiento; acabará con el negocio
de las mafias y devolverá la dignidad perdida a la Unión Europea.

El 20 de junio se conmemora el Día Mundial de las Personas Refugiadas y de nuevo en estos días, después de meses en los que parecían haber desaparecido de la agenda política, social y mediática, se vuelve a hablar de las personas refugiadas. Hablamos de las personas salvadas por el buque Aquarius, 629 personas –por favor, no lo olvidemos–, que navegaban por el Mediterráneo en busca de un puerto en el que encontrar refugio, en el sentido más literal de la palabra.

En el Día Mundial de las Personas Refugiadas, desde Accem saludamos la buena actitud tomada por el Gobierno de España ofreciendo un puerto en el que desembarcar a estas personas que escapan de la miseria, la guerra, la violencia o la persecución. Consideramos que es una decisión en la buena dirección, la que debe poner en primer lugar a las personas y a la salvaguarda de los derechos humanos sobre cualquier tipo de interés político o económico. Creemos que debe ser un primer paso para empezar a revertir y a transformar una política europea insolidaria, restrictiva e indiferente hacia la situación desesperada de miles de personas atascadas a un paso de sus costas.

En este 20 de junio volvemos, una vez más, a reclamar que desde España y desde la Unión Europea se habiliten vías seguras y legales para las personas refugiadas y migrantes. Esa será la única forma de luchar contra las mafias que se enriquecen con el negocio del tráfico de seres humanos. Pero será, sobre todo, la única manera de recuperar la dignidad y ofrecer una respuesta desde la justicia, la solidaridad y la humanidad.

Desde Accem queremos recordar lo que significa habilitar vías seguras y legales, que es sencillamente aplicar los mecanismos legales que ya están contemplados y aprobados en los cuerpos legislativos de la UE y España.

Directiva de Protección Temporal en caso de afluencia masiva de personas: implementar la directiva europea prevista para gestionar situaciones como las llegadas a las costas de los países del sur de Europa. Esta directiva, dirigida a activarse para el caso de personas que ya se encuentran en territorio europeo, prevé la autorización de residencia de un año prorrogable a otro, la redistribución entre los estados miembros y la posibilidad de extensión o reagrupación familiar para las personas acogidas.

Solicitudes de Protección Internacional en embajadas: activar el mecanismo previsto en la ley para que las personas que no pueden llegar a España y han tenido que escapar por causa de la guerra, la violencia o la persecución al país más cercano o limítrofe con el suyo puedan acudir a la sede diplomática española y solicitar su traslado para formalizar una solicitud de protección.

Reagrupación familiar para las personas refugiadas y migrantes: agilizar el procedimiento de extensión familiar y flexibilizar los requisitos para poder llevarla a cabo.

Visados de tránsito: eliminar los visados de tránsito que impiden a aquellas personas que proceden de un país donde está probada la existencia de una situación grave de conflicto la permanencia en el territorio nacional.

Reasentamiento: aumento y cumplimiento de los cupos establecidos en España para las personas necesitadas de protección internacional que se encuentran atrapadas en campos de refugiados de países limítrofes a los que los generan.

Es a este conjunto de medidas a lo que llamamos genéricamente vías seguras y legales. Existen y están previstas en la ley. Únicamente es necesario activarlas, y eso requiere tomar una decisión política en una dirección que acabe con tanto sufrimiento, tantas muertes y tanta miseria moral en esta fortaleza indiferente en que se ha convertido la Unión Europea.

 

Accem, 18 de junio de 2018

Londres2017: Mo Farah, refugiado, leyenda y extraterrestre

Mohammed ‘Mo’ Farah volvió a hacerlo. El pasado viernes 4 de agosto acabó con la conjura de todos sus rivales ansiosos por batirle y volvió a proclamarse en Londres campeón del mundo de la prueba reina del fondo, con permiso del maratón, los 10.000 metros.

Una rutina de medallas de oro y títulos europeos, mundiales y olímpicos en la que vive desde el año 2010 en el deporte por antonomasia, el atletismo, en el que se trata de correr más rápido, saltar más (a lo largo o a lo alto) y lanzar más lejos, el deporte en estado puro, al que se referían, allá por 1896, en la inauguración en Atenas de los primeros Juegos Olímpicos de la historia moderna, las célebres palabras del barón Pierre de Coubertin: Citius, Altius, Fortius (más rápido, más alto, más fuerte).

En una prueba dominada de forma aplastante por los atletas africanos en los últimos 30 años, y particularmente por los deportistas etíopes y kenianos, Mo Farah encadenó en Londres su tercer campeonato mundial consecutivo, títulos que se entrelazan con sus flamantes medallas de oro en los Juegos de Río de Janeiro (2016) y, de nuevo, Londres (2012). Sin hablar ahora de su análogo dominio en la hermana pequeña de la prueba, los 5.000.

Mo Farah, nacido en Mogadiscio (Somalia) en el año 1983, corre defendiendo los colores de la bandera del Reino Unido y no los de su país de origen. Es por esto por lo que hablamos hoy de él en la web de Accem.

Con solo ocho años de edad, Mo Farah tuvo que dejar su país, Somalia, como refugiado, ante el progresivo deterioro de las condiciones de vida y la inseguridad creciente que se vivía en su capital, Mogadiscio, con cada vez más frecuentes asesinatos y secuestros. Desde principios de los 90, este país del Cuerno de África ha vivido entre un conflicto armado casi permanente y la total falta de garantías para vivir una vida digna. Cientos de miles de personas han muerto y se han exiliado desde entonces.

Farah escapó primero al vecino Djibouti y después al Reino Unido, para establecerse en Londres con su padre y dos de sus hermanos. Su padre, según recogía en 2010 un reportaje del diario británico The Independent, había nacido y había sido criado allí, lo que facilitó que Farah pudiera refugiarse en Inglaterra escapando del caos en el que se sumergía su Somalia natal.

Su historia desde entonces se ha contado muchas veces. Fue un profesor de educación física llamado Alan Waltkinson quien se fijó en las aptitudes del joven refugiado. Mo Farah comenzó dedicándose al cross hasta progresivamente instalarse en las dos pruebas de las que ha sido el gran dominador en los últimos años, los 5.000 y los 10.000 metros.

Hoy en día Mohamed Farah es la estrella indiscutible del atletismo británico, hasta el punto de haber sido nombrado Caballero de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II en el pasado mes de diciembre en una ceremonia en la que el corredor de fondo compartió honor con el tenista escocés Andy Murray.

No todos los refugiados podrán correr tan rápido como Mo Farah y contar una historia de éxito rotundo como el atleta de origen somalí. Tampoco hace falta. Su caso es excepcional. Lo que no es excepcional es la historia de una persona refugiada escapando del horror, del riesgo para su vida, de la inseguridad, y buscando, llena de esperanzas, una vida mejor, en la que conseguir sus sueños, en las que crecer y desarrollarse y aportar su valor y sus capacidades a la sociedad a la que llega. En esto la vida de Mo Farah no es sino la vida de un refugiado más.

También, como tantas personas refugiadas en el mundo, se ha visto enfrentado, más tarde, incluso mucho más tarde, a obstáculos complicados, como el estigma y la incomprensión, porque lamentablemente las dificultades para una persona refugiada no terminan con su llegada a un lugar seguro de acogida.

Desde el año 2011 Mo Farah vive en los Estados Unidos con su esposa y sus cuatro hijos. El pasado mes de enero, el presidente electo de este país, Donald Trump, firmaba el decreto por el que declaraba proscritas a las personas nacionales de siete países, entre los que se encontraba Somalia, a quienes prohibía la entrada al país.

Mo Farah en ese momento se encontraba fuera de los EE.UU., entrenando en altura en Etiopía. Su reacción fue inmediata, a través de su página de Facebook y tal y como recogieron numerosos medios de comunicación. Preocupado por su situación, y por la de tantas personas como él, quiso manifestarse y expresar:

“Soy ciudadano británico y vivo en los Estados Unidos desde hace seis años, trabajando duramente, contribuyendo a la sociedad, pagando mis impuestos y criando a nuestros cuatro hijos en el lugar que ellos llaman hogar. Ahora a mí y a otros muchos como yo nos están diciendo que no seremos bienvenidos. Es profundamente preocupante que yo pueda tener que decir a mis hijos que papá quizás no pueda volver a casa para explicar por qué el presidente ha introducido una política que nace de la ignorancia y el prejuicio”.

“Fui bienvenido en Gran Bretaña desde Somalia a los ocho años de edad y me dieron la oportunidad de triunfar y realizar mis sueños. Estoy orgulloso de representar a mi país, de ganar medallas para el pueblo británico y del honor más grande de ser nombrado caballero. Mi historia es un ejemplo de lo que puede suceder cuando se ponen en marcha políticas de compasión y comprensión y no de odio y aislamiento”.

“El 1 de enero de este año Su Majestad la Reina me hizo caballero del reino. El 27 de enero, el presidente Donald Trump parece que me ha convertido en un extraterrestre”.

Refugiado, leyenda del atletismo y sí, extraterrestre parece, pero superando carrera tras carrera a todos sus rivales a toda velocidad, después de llevar diez kilómetros corriendo.

 

 

Si quieres saber más, puedes leer estos artículos que nos han ayudado a realizar el nuestro: