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El programa de atención a víctimas de trata y otras violencias en Cartagena atiende a más de 330 mujeres en dos años

Hace dos años, desde Accem pusimos en marcha en Cartagena un programa de “Atención y acompañamiento a mujeres víctimas de trata y otras formas de violencia contra la mujer’, financiado por la Consejería de Mujer, Igualdad, LGTBI, Familias y Política Social de la Región de Murcia, con fondos del Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Este proyecto surgía de las necesidades que los/as profesionales de nuestra entidad observaban en algunos casos de mujeres a las que atendemos o acogemos y tiene como finalidad mejorar la calidad de vida de estas víctimas y detectar posibles casos de trata, explotación sexual y otras formas de violencia contra la mujer.

Hasta la actualidad, se ha prestado atención a más de 331 mujeres en esta localidad en el marco de esta iniciativa. Además, se han abierto 167 expedientes, de los cuales la mayoría responde a mujeres en situación de explotación sexual, entre las cuales hay casos de trata con fines de explotación.

El principal objetivo que motivó la puesta en marcha de este programa fue el de mejorar la calidad de vida de las mujeres, puesto que, en el ejercicio de nuestra labor, observamos casos de mujeres que nos exponían diversas situaciones que considerábamos debían tener un adecuado seguimiento. Se trata de contextos invisibles, en los cuales, además, las mujeres sufren el peso de la estigmatización o viven amenazadas y forzadas a no hablar de estas situaciones.

El perfil de las afectadas por la trata responde, mayoritariamente, a mujeres jóvenes migrantes con cargas familiares, en situación administrativa inestable o irregular y en contexto social y económico de vulnerabilidad. Cartagena, en concreto, es una localidad con alto porcentaje de mujeres de diferentes nacionalidades que, muchas veces, sufren situaciones de violencia y/o son prostituidas, siendo muchas de ellas mujeres inmigrantes con un gran desconocimiento de las ayudas que pueden tener para salir de las situaciones que viven de maltrato y explotación.

El programa, por tanto, dada la complejidad de los contextos a abordar, cuenta con un equipo multidisciplinar de profesionales de Accem, compuesto por una integradora social, una trabajadora social, una psicóloga y un abogado, que se encargan de los servicios de detección y acompañamiento, atención social y atención psicológica. La intervención se realiza de un modo integral, actuando no sólo con las mujeres afectadas sino también con su familia, contexto y su situación social. Además, el proyecto cuenta con servicio de atención jurídica básica y acciones de sensibilización.

Así pues, se lanzó una campaña de concienciación sobre este programa, destinada principalmente a los jóvenes, con el objetivo de que amplíen su mirada y tengan la capacidad de cuestionar situaciones intolerables de explotación de las personas. La protagonista del vídeo, Dyana, no es una única mujer, sino que representa a muchas más que sufren explotación sexual y trata de personas.

Asimismo, hay que señalar que el pasado 25 de febrero, se presentó el informe ‘Aproximación a la prostitución, la trata y la explotación sexual en Cartagena’, dado que se detectó, a raíz de la puesta en marcha del programa, la escasa información existente acerca de la trata de personas. Por ello arrancó la investigación, realizada desde el Observatorio de la Exclusión Social, del que Accem forma parte junto a la Universidad de Murcia, para recopilar la información y dar a conocer este fenómeno, en este caso en el término municipal de Cartagena.

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Abdoulaye: ejemplo de empeño, coraje y ganas de superación

Canarias AccemAbdoulaye es uno de los inmigrantes que llegó a las Islas Canarias en el año 2006. Salió de Senegal a bordo de una patera junto con su hermano y otras personas migrantes que, como él, buscaban un puerto seguro en el que poder desembarcar para labrarse un futuro mejor. Dejó atrás a su familia, con la promesa de reencontrarse en cuanto pudiesen.

La patera en la que viajaban fue rescatada en el mar y tanto él como su hermano fueron internados en un CIE. Tras pasar por Madrid, fueron trasladados a Gijón al informar que tenían un familiar en Asturias, donde fueron atendidos por Accem.

Una nueva adversidad se presentó en la vida de Abdoulaye. A los siete meses de estar en Asturias le fue descubierta una cardiopatía que fue tratada satisfactoriamente, pero que le impedía incorporarse al mercado laboral hasta obtener el alta médica.

Pasaron cuatro años desde que llegó hasta que logró conseguir trabajo, además de por la falta de documentación, por su problema de salud. “En esos años lo que hacía era estudiar, tanto el idioma como cursos formativos para conseguir la inserción laboral”.

Abdoulaye asegura que conseguir el primer contrato significó mucho porque no tenía nada para vivir. “Puede salir del centro en el que estaba acogido y logré alquilar un piso para vivir con mi hermano”.

Fue en la empresa CLN, a través del programa de integración sociolaboral de Accem, donde consiguió este empleo en el que se desempeña en el área de limpieza y mantenimiento desde hace 10 años. “En CLN me ayudaron muchísimo para el tema de papeles y situaciones personales. La empresa ha sido de acompañamiento”.

En Senegal, Abdoulaye trabajaba en chapistería y pintura de coches, pero no veía futuro para poder sostener a su familia. Desde la empresa en la que trabaja, reconocen que ha sido y es un trabajador excelente y que ha aportado mucho valor y lo definen como una persona con mucho empeño, coraje y ganas de superación. “Contratarlo ha servido para derribar estereotipos y falsas creencias sobre personas extranjeras, con diferente cultura y religión”.

Hace unos meses consiguió reunirse nuevamente con su familia en Asturias gracias a la reagrupación familiar.

UE – Frontera Sur: cambian las rutas, pero no la necesidad de emigrar

Cada año, miles de personas intentan llegar hasta los países de la UE en busca de mejores oportunidades para vivir, en busca de seguridad, libertad y prosperidad. La falta de vías reales, legales y seguras para alcanzar ese sueño las obliga a tomar rutas alternativas, a través de viajes muy peligrosos, en los que sus propias vidas e integridad se ponen en grave riesgo y por los que deben pagar un enorme precio en todos los sentidos.

En 2020, según los datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) a través del proyecto Flow Monitoring, se registró la llegada por vías irregulares de 95.362 personas a la Unión Europea (datos actualizados a enero de 2021). De este total, 86.042 personas llegaron por vía marítima y 9.320 por tierra. Esta cifra representa el número más bajo de la serie histórica de los últimos cinco años.

Llegadas de personas migrantes a la UE por vías irregulares. Serie histórica 2016-2020

Muchas de las personas que emprenden camino a Europa lo hacen huyendo de la guerra, de situaciones de violencia de las que deben ponerse a salvo, de formas graves de persecución, por sus ideas, sus creencias religiosas, su origen étnico, su género o su orientación sexual, por poner solo algunos ejemplos. Otras muchas inician su viaje dejando atrás situaciones de importantes carencias económicas, desempleo masivo y falta de perspectivas de futuro. Unas y otras causas representan lo que llamamos el ‘efecto expulsión’ que obliga a las personas a migrar. Tomar la decisión de dejar todo atrás no es nunca una decisión fácil.

El sueño es Europa. Pese a sus contradicciones y a las propias desigualdades sociales y económicas que alberga en su interior, la Unión Europea continúa representando en el mapa global una isla de prosperidad y libertades que genera sueños y expectativas, deseos de participar y formar parte. Es este el verdadero ‘efecto llamada’ y no depende de coyunturas concretas ni de medidas específicas de cualquier gobierno de cualquier país europeo en cualquier momento determinado.

Cuando existe un país de destino específico, esa elección, que es más una preferencia, responde a la presencia en ese país de familiares, parientes o amigos que les antecedieron en el viaje, sembrando idénticos sueños de superación; a la existencia de un vínculo histórico o lingüístico consecuencia de un pasado colonial, como ocurre por ejemplo con Francia en gran parte de la migración africana; o de elevados niveles y expectativas de desarrollo económico, como representarían Alemania y el Reino Unido (fuera ya de la UE).

Sin embargo, para alcanzar esa meta, esos países de destino, lo primero es conseguir entrar en territorio europeo. Y cuando es prácticamente imposible hacerlo por vías regulares, como podría ser un simple vuelo en avión, la única opción para los habitantes del sur global es buscarse la vida y atravesar las fronteras por sus propios medios. Por su situación geográfica entre dos mundos tan desiguales, la frontera sur de la UE, la que separa Europa de África, representa uno de los grandes focos de la migración y probablemente la frontera más peligrosa del mundo. Esta frontera, exceptuando los dos enclaves europeos en el continente africano que son Ceuta y Melilla, la constituye de un modo rotundo el mar Mediterráneo.

 

LA FRONTERA SUR DE LA UE: UN MISMO MAPA

Si dividimos geográficamente la frontera sur de la UE, nos encontramos con un Mediterráneo Oriental por el que los migrantes intentan llegar desde Turquía a las costas de Grecia y Chipre; con un Mediterráneo Central para atravesar en dirección a Italia o Malta y con un Mediterráneo Occidental que conduciría a las costas españolas. En este último caso, en la frontera suroccidental de Europa que corresponde a nuestro país, el Mediterráneo se completa con las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, así como con las Islas Canarias, ya en el Océano Atlántico, situadas frente a la costa noroccidental africana.

En 2020, los datos de la OIM nos dicen que la ruta occidental, la dirigida a España, acumuló el 44 % de las llegadas a Europa; Italia concentró el 36 % y Grecia el 15 %. En términos relativos, en comparación con el año anterior (2019), se registró un descenso del 80 % en las llegadas a Grecia, un aumento del 29 % en las llegadas a España y un crecimiento del 198 % en el caso de Italia. Esto es una muestra de que las rutas hacia Europa, como lo es el movimiento humano, son dinámicas, flexibles, cambian, oscilan, se modifican continuamente, en función de múltiples factores. Si algo enseñan los desplazamientos humanos es que, aunque las rutas puedan cambiar, cuando existe la necesidad de migrar siempre se encontrará el camino.

Rutas de llegadas a Europa a través de su Frontera Sur


En clave nacional
, en 2020, y según los datos del Ministerio del Interior, llegaron a España un total de 41.861 personas, de las que 23.023 personas, el 55 % del total, lo hicieron a través de las Islas Canarias, que por tanto concentraron, especialmente en los últimos meses del año, la mayoría de las llegadas a Europa a través de nuestro país. El número de personas que llegaron al archipiélago canario fue muy superior a las 2.687 personas que arribaron a este territorio en 2019, y estuvo acompañado de un descenso del 24 % en las llegadas por vía marítima al resto de España y de una caída del 72 % en las llegadas a través de las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla.

Llegadas de personas migrantes a España por vías irregulares 2019-2020

Pero más allá de todos estos datos concretos, es imprescindible incidir que los países del sur de Europa, los países que hacen frontera, son casi siempre estaciones de tránsito, representan únicamente una primera meta en el camino de las personas migrantes. Dentro de estos países fronterizos, y como antesala al continente, existen una serie de islas –e incluso islotes-, que representan los puertos más accesibles, las travesías más cortas: las mejores opciones. Son islas como Lesbos, Samos y Chios en Grecia; Lampedusa en Italia; Malta; o Ibiza, Formentera, las Islas Canarias e incluso la isla de Alborán en España. Todos estos nombres, todos estos enclaves geográficos, dibujan, en este primer cuarto de siglo XXI, un mismo mapa fronterizo de sueños y posibilidades, de alegrías y sufrimientos, donde la UE en su conjunto debe garantizar la protección de los derechos de las personas recién llegadas, la atención humanitaria y también el apoyo a las poblaciones locales que deben asumir el primer esfuerzo de la acogida.