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Cartas de ida y vuelta entre jóvenes acogidos por Accem y los alumnos de una escuela de Barcelona

Desde el Programa de Atención Humanitaria a Inmigrantes (PAHI) llevamos a cabo en Barcelona durante el pasado curso escolar un proyecto de intercambio epistolar entre las personas acogidas y el alumnado de 3º de Primaria de la escuela La Llacuna del Poblenou. Aprovechando que los niños y niñas se encontraban en proceso de aprendizaje de la lectura y escritura, las profesoras de la escuela, junto con técnicas de nuestro equipo, han querido acercar a sus alumnos y alumnas las vidas y sueños de las personas migrantes, a través de la redacción y envío de cartas.

Cuatro jóvenes procedentes de Mali, Burkina Faso y Camerún, que habían llegado hacía poco tiempo y se encontraban en proceso de aprender la lengua castellana, han participado de este proyecto. Así podían, por una parte, poner en práctica sus conocimientos en una lengua nueva para ellos. Por otra, más importante aún, se sentían leídos y escuchados, hablando de sí mismos más allá de la etiqueta de ‘inmigrantes’.

Antes de que llegara el momento de las cartas, una técnica de Accem había acudido a la escuela para ofrecer una charla al grupo. Una ocasión que sirvió para explicarles los motivos que llevan a las personas a la emigración, la dureza del proceso migratorio, tanto durante el trayecto como también después de llegar a nuestro país. Este encuentro cosechó una gran acogida y un debate muy participativo entre los niños y niñas de la escuela, que ofrecieron sus puntos de vista, sus opiniones y sus propias soluciones.

Pero sobre todo, se interesaron por conocer más a los jóvenes migrantes de los que estaban hablando, por saber de sus vidas, sus inquietudes, sus aficiones, sus gustos… y compartir las suyas propias con ellos. Se conseguía así el primer objetivo de esta actividad de sensibilización: mirar más allá, ver a la persona antes que la etiqueta.

Recogido el guante, y a través del proyecto PAHI, los jóvenes acogidos por Accem redactaron sendas cartas de presentación a los niños y niñas que se habían interesado por ellos. En estas cartas hablaban de la música que más les gustaba, su deporte favorito, su equipo de fútbol, su comida preferida o de las cosas que les hacían reír o sentir miedo. Recibidas estas cartas por sus pequeños/as destinatarios/as, escribieron, divididos/as en pequeños grupos, las suyas propias. A partir de ese momento, se generó una dinámica en la que cada carta recibida suponía para todos/as un momento de alegría, y la posterior espera un tiempo de entusiasmo e ilusión. A lo largo de esta correspondencia unos/as y otros/as se fueron contando sus experiencias personales y se fueron creando al mismo tiempo una imagen de cómo serían las personas con las que se estaban escribiendo.

Finalmente, llegó el momento, con el final del curso, del colofón a este bonito proyecto, con un encuentro con ambos grupos en la escuela. Los alumnos y alumnas de la escuela prepararon un pica-pica y recibieron a los chicos que habían escrito las cartas. El encuentro fue algo mágico, maravilloso, lleno de nervios, alegría y emoción por ambas partes. Su recibimiento en la escuela fue apoteósico, ¡como si esperaran a grandes estrellas del deporte! Los niños y niñas tenían que poner nombre en cada cara y ¡acertaron! Como si ya los conocieran, porque de hecho así era, los conocían sin verlos porque eran cómplices de una parte de su vida.

Lo más importante y remarcable de este proyecto ha sido la conexión que se estableció entre unos/as y otros/as como iguales, alejada de estereotipos que lo único que provocan es enfatizar nuestras diferencias en vez de nuestras similitudes. Para los chicos, dar a conocer sus historias, sus sueños, sus deseos, tan iguales como los de cualquier otro chico de su edad, les permitió reparar un poco de su dignidad rota, porque podían sentir que sus historias eran importantes y los hacían únicos, algo que tal vez no habían sentido en mucho tiempo.

El día del encuentro fue algo fantástico para todos y todas, solo faltó tiempo para hablar más, para contarse más historias, para jugar y pasarlo bien. Los niños y niñas de la escuela de La Llacuna del Poblenou ya les han invitado a volver a su escuela después del verano y los chicos ya están pensando en volver.

 

Por Estíbaliz Benito Mateo, de Accem en Barcelona 

Mención especial para Escolinos de Babel en Premio Iberoamericano de Educación en DD.HH.

El proyecto Escolinos de Babel, que Accem desarrolla en Oviedo (Asturias), ha sido reconocido con una mención especial en la tercera edición del Premio Iberoamericano de Educación en Derechos Humanos Óscar Arnulfo Romero.

Estos premios son otorgados por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) y la Fundación SM, con la colaboración del Ministerio de Educación y Formación Profesional de España.

Los premios Óscar Arnulfo Romero reconocen la labor de centros educativos y ONG con programas a favor del derecho a la educación, la convivencia en la escuela, la paz, las libertades, la inclusión o los derechos humanos.

El programa Escolinos de Babel, financiado por el Ayuntamiento de Oviedo, tiene como objetivo desarrollar actividades de apoyo escolar y asistencia lingüística complementaria al alumnado de incorporación tardía en enseñanza primaria, para contribuir al éxito escolar de las criaturas. Actualmente se desarrolla en seis colegios de Oviedo, con más de 130 niños y niñas de 21 nacionalidades.

El premio nacional en esta edición ha ido a parar al proyecto Nariz de Payaso del colegio granadino Reyes Católicos en la categoría de centros educativos y al proyecto Libertas del Instituto de Mediación Educativa de A Coruña en la categoría de ONG.

 

 

 

Una experiencia de sensibilización a través de los videojuegos

Accem ha comenzado a experimentar en Vitoria-Gasteiz con una herramienta muy potente para la sensibilización, especialmente con los más jóvenes: los videojuegos.

Fue en el pasado mes de diciembre, en el marco de las actividades del Egibide Eguna en el centro educativo Jesús Obrero de Vitoria-Gasteiz. En lo que significaba la celebración de los 75 años del centro se organizaron todo tipo de actividades lúdicas. El equipo de Accem se encargó de los juegos, tanto los más clásicos como en formato digital. Aprovechando el contexto, se probó con un reducido grupo de alumnos una nueva propuesta formativa y de sensibilización sobre la situación de las personas refugiadas y migrantes a través del videojuego.

Son las seis de la mañana y comienza nuestra jornada en la frontera de Artzovska. Como cada día, nuestro trabajo consiste en revisar los documentos de todos aquellos que acudan a nuestro puesto fronterizo y permitir o denegar el paso en consecuencia. En otro lugar, a miles de kilómetros, un grupo de supervivientes trata de aguantar un día más entre las ruinas de una ciudad sitiada a la espera de la declaración del alto al fuego. En estas dos realidades se sumergieron cuatro alumnos y una alumna de segundo de bachillerato durante dos semanas, experimentando distintas situaciones que miles de personas migrantes y refugiadas enfrentan cada día. ¿Cómo lo hemos conseguido?

 

Tecnologías de la comunicación, videojuegos y educación

La revolución de las tecnologías de la información y la comunicación ha provocado profundos cambios en nuestras formas de interacción. El uso de la tecnología de forma intensiva por parte de nuestros jóvenes, así como la ingente cantidad de información y estímulos que reciben en el día a día, ha vuelto la ya de por sí compleja tarea de mantener la atención y la motivación de los estudiantes, en una empresa casi imposible. A esto se suma la alta tasa de abandono escolar existente en nuestros centros, que evidencia de forma todavía más notoria la necesidad de introducir cambios en las formas en que los profesores imparten el conocimiento a sus alumnos.

Para lograr una mayor atención y motivación por parte del alumnado, se ha venido desarrollando en los últimos años una nueva forma de enseñar, cambiando la figura del profesor como ente trasmisor de conocimientos básicos, a guía de un alumno, en principio, autónomo. El uso de contenidos interactivos, como los videojuegos, puede ser una herramienta de gran utilidad en manos de los docentes para conseguir “enganchar” a los discentes y fomentar en ellos tanto su autonomía, como su nivel de implicación con los contenidos de la asignatura.

El uso de videojuegos como medios educativos no es algo novedoso, pero sí bastante marginal. Seguimos teniendo la visión de los juegos digitales como meros productos de entretenimiento; violentos, sexistas, alienantes y, en general, negativos. No es una visión muy distinta de la que se tuvo del cine o la novela gráfica en un primer momento, aunque ahora sí entendemos el valor y la utilidad de estos medios para transmitir ideas, emociones, sentimientos… Cada medio artístico es capaz de profundizar de distinta manera y en distinta intensidad a través de sus formas propias. Una película o un cuadro nos transmitirán sensaciones de una forma más directa que una novela, que a su vez podrá, si acaso, transmitir emociones de forma más profunda. En el teatro, esta transmisión no solo se produce hacia el público, sino también hacia el propio actor, que siente, piensa y vive lo que siente, piensa y vive su personaje; generando una experiencia compartida entre todos aquellos que interpreten ese personaje.

En los videojuegos realizamos un proceso similar. Tomamos un rol dentro de un mundo preconcebido y lo ejercemos de la forma que nos parezca conveniente; estableciendo un punto medio entre nuestros propios intereses y los del personaje que interpretamos. A través de este proceso también sentimos, pensamos y vivimos lo mismo que nuestro personaje, pudiendo reflexionar sobre nuestras acciones del mismo modo que lo podríamos hacer desde otros medios más “clásicos”.

Bajo este planteamiento desde Accem en Vitoria hemos utilizado dos títulos, “Papers please” y “This War of Mine”, como elemento vehicular desde el que visibilizar las situaciones que atraviesan migrantes y refugiados, empatizar con ellos por medio de estas experiencias compartidas y demostrar el amplio abanico de grises morales que tinta todas estas situaciones. Tras una serie de indicaciones, cuatro estudiantes han redactado un diario de juego en el que reflejan las situaciones qué han enfrentado a través de estos títulos, cómo las han llevado a cabo y los motivos por los que han actuado como lo han hecho. Durante la celebración del Egibide Eguna el día 22 de diciembre los alumnos y alumnas jugaron en directo para explicar a sus compañeros y compañeras en qué consisten los juegos y qué situaciones se le presenta al jugador en ellos.

Agente fronterizo en “Papers please”

En “Papers please” se nos emplaza en el contexto de un agente aduanero de un ficticio país comunista llamado Artsovska en la Navidad de 1982. A nuestro cargo está una familia, cuyos gastos de alquiler, comida y calefacción debemos sufragar si no queremos acabar en la calle o peor aún, perdiendo a alguno de ellos. Nuestro objetivo en el juego es permitir o denegar el paso a las personas que tratan de cruzar la frontera. Ganamos dinero por cada ciudadano al que permitamos el paso, pero se nos multa si dejamos acceder al país a aquellos que no cumplen con las condiciones de acceso. Con estas bases se desarrolla un conflicto constante en el jugador. A nuestra aduana acudirán traficantes que tratarán de sobornarnos, terroristas con los que incluso podremos colaborar, familias cuyo primer miembro ya nos avisa de que el resto de sus cónyuges no cumplen con las condiciones de acceso, pero que suplica que permitamos el paso a su esposa e hijos… Se nos enfrenta a una serie de dudas personales y políticas en las que nunca hay una opción correcta, sino un amplio abanico de grises que consigue revolver nuestras creencias y hacernos reflexionar acerca del significado de la familia, la ideología, el patriotismo y la condición humana.

Extractos de los diarios de los alumnos/as que jugaron a “Papers Please”:

“Tras un inesperado ataque terrorista que se ha llevado la vida suya y de un guardia, (…) el hecho me ha dejado con una inquietud. ¿Qué lleva a un ciudadano a arriesgar su vida por un simple ataque terrorista en la frontera con solo un guardia de víctima? ¿Tanto odio hay hacia Arstotzka?”.

“En el tercer día, los ciudadanos extranjeros debían presentar un ticket de entrada. Me llamó la atención mi precipitación a la hora de marcar los pasaportes, que me hizo una mala jugada. Una prostituta dio primero su visado y después una tarjetita de visita a su prostíbulo. Al no ver el ticket (…), le negué la entrada. Al retirar la tarjeta publicitaria, debajo encuentro el ticket. Un error como este podría, en la vida real, influir mucho en la persona vetada. Los controladores deben ser muy pacientes”.

“He tenido que decidir a qué familiar comprarle medicamentos, ya que no llegaba dinero para todos. Se recurre al principio de troncalidad: mayor importancia a la mujer y al hijo. El tío se queda sin medicina. En la vida real, obviamente, esta decisión habría sido mucho peor”.

“Otro suceso interesante es el de un hombre con los papeles en regla. Al concederle paso, dice que su mujer es la siguiente en la cola y pide que se le deje pasar a ella también. Esta mujer no presenta los requisitos adecuados para el paso, pero explica que es refugiada de su país y si vuelve la matarán. Al haberle dejado pasar también a su marido, aun sabiendo que estaba incumpliendo la normativa, cedo el paso de esta mujer (…). Esta situación SÍ es relevante y posible con los refugiados de hoy en día”.

“Una mujer con sus papeles en orden, al salir, suplica en una nota que no se le deje pasar a un hombre en la cola llamado Dan Ludum. Este señor tiene económicamente esclavizadas a la mujer mencionada y a su hija, y de dejarle pasar a él también las obligaría a prostituirse. Al presentarse más tarde Dan, con papeles adecuados y una invitación a su prostíbulo, le niego el acceso inmediatamente. Lo ”legal” sería haberle dejado pasar, esos asuntos no son de mi incumbencia. Pero lo legal no es siempre moral”.

Superviviente en el sitio de Sarajevo en “This war of mine”

“This war of mine” utiliza el sitio de Sarajevo durante la guerra de Bosnia como contexto. Tomamos el rol de un grupo de supervivientes en mitad del conflicto. Una persona corriente que deberá enfrentar todo tipo de situaciones para poder sobrevivir antes de la llegada del alto al fuego. Durante el día, el jugador tratará de utilizar los escasos recursos que posee para acondicionar la casa para evitar el frío y los robos, preparar comida, fabricar muebles y utensilios… Durante la noche el jugador explorará distintas zonas de la ciudad en busca de recursos. La situación conflictiva que vivimos a través de nuestro protagonista nos hará enfrentarnos a distintas disyuntivas morales. ¿Compartiremos la escasa comida que tenemos con el niño que llama a nuestra puerta? ¿Acudiremos al hospital o nos arriesgaremos a enfermar más gravemente por buscar algo de alimento? ¿Robaremos a nuestros vecinos ancianos o nos arriesgaremos a entrar en la base militar para tratar de conseguir medicinas? La respuesta no será nunca correcta y siempre tendremos que cavilar entre el nivel de riesgo físico y de deshumanización. ¿Estaríamos dispuestos a hacer cualquier cosa para sobrevivir?

Extractos de los diarios de los alumnos/as que jugaron a “This war of mine”:

“El tercer día vino un hombre herido buscando ayuda, y decidí ofrecérsela, ya que pensé en que tal vez la necesitaría yo en algún momento. Esto suponía un miembro menos en la casa, y por lo tanto más trabajo que repartir entre dos personas. Aquí es cuando me di cuenta de que si tan solo estuviese con un jugador, probablemente ya estaría muerta”.

“En las noches del tercer y cuarto día conseguí algo de alimento, pero seguía sin ser suficiente. Por lo que la noche del quinto día decidí arriesgarme e ir a otro edificio, con más protección, a ver si con un poco de suerte conseguía más comida. Una mala decisión. Entrar en ese edificio sin munición supuso la muerte de uno de los miembros del grupo, Pavle. En la biografía de Bruno del día siguiente aparecía escrito: “La estupidez es letal”.

“Me volvieron a asaltar la noche del décimo día (y con esta ya iban 3), dejándome casi sin materiales ni objetos de cambio. Además, en las búsquedas que realizaba, todos con quienes me encontraba me atacaban o si estaban dispuestos a hacer un trueque, pedían gran cantidad de cosas a cambio”.

“El hambre, sumado a la depresión, hicieron que un segundo miembro del grupo cayese; en este caso Katia, suicidada el día 12. Luego por razones que desconozco, Bruno, el último superviviente, ya no avanzaba. (…) al día siguiente Bruno había muerto”.

“Ahora ya sé qué debería hacer para poder sobrevivir más tiempo; la comida es crucial y me dedicaría a llenar las reservas primero. Bueno, si estuviese ahí en la vida real, probablemente habría actuado de forma diferente, ya que el hambre me obligaría a buscar alimentos antes de seguir con cualquier otra actividad”.

 

Conclusiones de esta experiencia educativa

A la vista de las reflexiones de los estudiantes se evidencia el potencial como elemento de sensibilización de estas actividades. Además, a diferencia de como sucede en un taller de sensibilización, la decisión de atender recae en la propia persona, por lo que su nivel de implicación ya es, de base, mayor que si se encuentra en el aula. La autonomía en la actividad también es positiva, tanto en el desarrollo personal de propio alumno o alumna, como por la libertad a la hora reflexionar del estudiante, sin encorsetar dicha reflexión al contenido de una asignatura en particular.

Todos los alumnos valoraron positivamente la actividad, argumentado lo beneficioso de este tipo de experiencias para profundizar en conceptos que, aunque tratados desde otras asignaturas o las tutorías, tienen mayor penetración utilizando este tipo de herramientas. Si en las aulas la reflexión viene tras un análisis teórico, a través de experiencias digitales, la reflexión surge de una experiencia práctica que, aunque simulada, sumerge al estudiante en la cuestión. Del mismo modo que en la actualidad nos enfrentamos a nuevos conflictos y situaciones, que requerirán de nuevas soluciones, también tenemos que innovar y adaptar las formas en que tratamos de acercar estas realidades.

 

Por Pablo González de Garibay, de Accem en Vitoria-Gasteiz.

 

En primera persona. Un espacio para la reflexión sobre nuestras prácticas, sobre las vivencias y experiencias de quienes formamos parte de Accem.