Fallece Kirk Douglas, hijo de refugiados y, por tanto, uno de los nuestros

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Hoy hemos conocido la muerte de Kirk Douglas, el legendario actor de Hollywood que será ya inmortal gracias a películas como “Espartaco”, “Senderos de gloria” o “Cautivos del mal”. No vamos a repasar aquí hoy su biografía ni su aportación a la historia del cine, pues los obituarios de toda la prensa generalista y especializada cubrirán de forma sobrada esa obligada tarea en la despedida de uno de los grandes.

Nosotros nos fijaremos hoy en un capítulo de su vida, en un ángulo muy concreto de su biografía, en un rasgo de su identidad que lo convierten para siempre en uno de los nuestros: Kirk Douglas era hijo de refugiados.

Issur Danielovitch Demsky, que era su verdadero nombre, nació el 9 de diciembre de 1916 en la ciudad de Amsterdam, en el estado de Nueva York, en el seno de una humilde familia de migrantes rusos de origen judío. En Estados Unidos, su padre comenzó a trabajar como trapero, porque a los judíos les estaba prohibido trabajar en las fábricas. Sus padres, Herschel Danielovitch y Bryna Sanglel, tuvieron siete hijos, seis chicas y un varón, el futuro Espartaco de Kubrick.

Herschel y Bryna procedían de Chavusy, en la región de Maguilov, perteneciente a la actual Bielorrusia y entonces parte del Imperio Ruso. En 1908 tuvieron que dejar su país para evitar el reclutamiento forzoso de Herschel para la guerra ruso-japonesa. De esta manera y para siempre los padres de Kirk Douglas se convirtieron en refugiados, que buscaron en los Estados Unidos una nueva vida.

En 1989, Kirk Douglas recaló en Madrid para presentar su autobiografía “El hijo del trapero”. Allí, y según recogió el diario El País, Douglas se mostró orgulloso de sus orígenes. Recuperamos hoy sus palabras de entonces:

“Mis padres eran pobres y analfabetos. Al llegar a Estados Unidos creían que las calles americanas estaban construidas con adoquines de oro. Mi padre se hizo trapero porque a los judíos les estaba prohibido trabajar en las fábricas, y yo soy el fruto de estas circunstancias. Cualquier americano es una mezcla de razas y culturas, y ser hijo de judíos me llena de orgullo. No lo estoy tanto de mi parte rusa, porque no puedo olvidar que mis padres tuvieron que escapar de allí”.

Descanse en paz, Kirk Douglas, uno de los nuestros.

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