8M / Día Internacional de la Mujer

#8Mujeres4Causas

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Con motivo del Día Internacional de la Mujer, lanzamos una iniciativa para visibilizar las historias de 8 mujeres. 4 rostros conocidos y 4 anónimos que se reflejan y se reconocen entre sí. Dos caras para visibilizar una misma causa mediante mujeres referentes, que representan a tantas otras mujeres, invisibles e invisibilizadas en alguna de las 4 causas en las que Accem desarrolla su labor: refugio, inmigración, personas mayores y exclusión social.

Con #8Mujeres4Causas llamamos a empoderar y reconocer a todas las mujeres que enfrentan el reto de superar la desigualdad y construir una sociedad más justa y equitativa para todos y todas.

Súmate, comparte sus historias y ayuda a hacer visibles a estas mujeres y las causas que representan.

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Mujeres refugiadas

Las mujeres refugiadas son perseguidas por los mismos motivos que los hombres (origen racial o étnico, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social, etc.), pero además se pueden ver obligadas a huir por otra razón: por ser mujeres. La violencia, la trata de seres humanos o la mutilación genital femenina son algunas de las causas específicas que llevan a las mujeres a huir y a convertirse en refugiadas en un país seguro. España reconoce la persecución por motivos de género como causa para solicitar y obtener el estatuto de refugiada.

En Accem trabajamos para su integración social, potenciando su empoderamiento y autonomía. Infórmate en: http://mujeresrefugiadas.accem.es

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Cristina forma parte del fenómeno literario que se conoció como el ‘boom latinoamericano’ en los años 60 y 70. Es además una refugiada que recorrió el camino del exilio escapando de la persecución política en Uruguay. Y un extraordinario ejemplo del compromiso por la libertad y los derechos humanos, un espejo de la riqueza que aportan a la sociedad de acogida las personas refugiadas.

Cristina Peri Rossi nació en Montevideo en 1941, descendiente de inmigrantes italianos. En Uruguay empieza a desarrollar su carrera como profesora y escritora y también el activismo político que le obligará más tarde a convertirse en refugiada.

Su compromiso con la libertad hizo que tuviera que exiliarse dos veces en su vida: la primera en 1972 a Barcelona, escapando de las amenazas de la dictadura militar uruguaya contra su vida por su militancia política y su colaboración con distintas revistas críticas; la segunda, cuando tuvo que dejar España para exiliarse en París en 1974, perseguida también por la dictadura franquista. Regresa a Barcelona en 1975 para quedarse definitivamente y adquirir la nacionalidad española.

Peri Rossi ha destacado como profesora, traductora, periodista, escritora, activista y conferenciante. Su obra abarca todos los géneros: poesía, relato, novela, ensayo, artículos y es considerada como una de las escritoras más importantes de habla hispana, traducida a más de veinte lenguas. Una intelectual siempre levantando su voz contra dictaduras, a favor del feminismo y de los derechos de las personas homosexuales.

En 2005, sobre su exilio, escribió: “Cuando cayó la dictadura, me di cuenta de que había vivido catorce años con nostalgia de Montevideo –una nostalgia horrorosa– y ahora no tenía ganas de tener nostalgia de Barcelona. Para tener nostalgia, sigo teniendo siempre la misma. Además, uno no se exilia porque quiere, se exilia porque tiene que salvar el pellejo, y creo que, dentro de esa insensata geometría que es la vida, un acto involuntario no tiene que ser respondido con un acto voluntario como es volver. Estrictamente no se puede volver porque es un tiempo que ya no existe”. Palabra de Cristina Peri Rossi.

Anna tiene 25 años, una tarjeta roja como solicitante de asilo y una vitalidad que hace que siempre intente estar ocupada en mil actividades diversas. Bajo una fachada sonriente y alegre esconde la realidad que le hizo tener que huir de Ucrania para venir como refugiada a España en el año 2015.

Ucrania es, desde 2013, un país donde existe un conflicto armado con Rusia, un lugar donde se ven limitados los derechos y libertades civiles y donde los abusos de todo tipo están a la orden del día. Anna estudiaba ingeniería de transportes en Dnipropetovsk, una ciudad a solo 200 km del frente y donde la guerra está muy presente. Allí se involucró en iniciativas sociales para ayudar a la población civil. A raíz de esa decisión, sufrió una dura y amarga experiencia que le hizo imposible continuar viviendo en su país. No le quedó más remedio que salir de allí.

Los comienzos en España no fueron fáciles. Alguien le informó de los recursos que ofrecemos en Accem y así fue como pudo tramitar su solicitud de refugiada. Desde que llegó está recibiendo apoyo psicológico, está estudiando y ahora está buscando trabajo. Quiere ser azafata, y está haciendo los cursos necesarios para conseguirlo. Va a clases de español, de inglés y a natación, porque se lo piden para poder ser parte de la tripulación de un avión. Está en trámites de homologar sus estudios y ha empleado parte de su tiempo siendo voluntaria con menores en la Cañada Real Galiana.

Va a ser difícil, pero quiere intentarlo. Porque no le queda otra. Porque mientras estudia y se forma tiene la mente ocupada y no piensa en sus problemas, en los que la convirtieron en refugiada y en los que le quedan por enfrentar. Porque así no piensa en ese agujero negro que poco a poco se va cerrando.

Mujeres, pobreza y exclusión social

Si hay algo que las personas sin hogar destacan las pocas veces que se les pregunta sobre cómo es su vida es el miedo: el miedo que se vive en la calle. Y ese miedo aumenta cuando eres mujer. Según datos del INE, el 40% de las mujeres que viven en la calle afirman haber sido agredidas. El 24% ha sufrido alguna agresión sexual.

La pobreza tiene rostro de mujer a pesar de que su realidad, muchas veces, no se conoce, no se estudia, no se tiene en cuenta. Y además las mujeres sin hogar se enfrentan a forma más de violencia, más soterrada: la invisibilidad.

En Accem tenemos un compromiso con la erradicación de la pobreza, con la igualdad y con hacer visible la feminización de la pobreza.

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Lita cuenta que la vida le partió dos veces y que tuvo que poner toda su determinación para salir adelante y superar su pasado. La pintora no olvida sus humildes orígenes, la dureza de su infancia, los peligrosos precipicios que la rodearon. Ella sabe que siempre será una superviviente. Un espejo para muchas otras mujeres que también viven en el alambre.

Lita Cabellut (Sariñena, Huesca, 1961) es una de las pintoras españolas más cotizadas a nivel internacional desde hace ya varios años, según la revista Artprize, referente en el sector. Pero, según ella misma ha contado en medios de comunicación, en el camino que tuvo que atravesar hasta aquí debió enfrentarse y superar no pocos obstáculos.

Cuenta la artista que no tuvo una infancia fácil. Con sus padres, separados, pasó muchos años malviviendo en Barcelona y, en palabras de Lita, incluso llegó a mendigar por las calles hasta que fue internada en un orfanato para posteriormente ser adoptada por una pudiente familia que le proporcionó formación y contacto directo con la cultura y el arte, especialmente con la pintura, que se acabó convirtiendo en su vocación, su profesión y su vida.

En su pintura, la artista de origen gitano plasma una delicada violencia expresiva con la que refleja el sufrimiento y la soledad. Su mirada hacia las personas que viven en los márgenes o sufren explotación está llena de empatía. Sus pinceles, ahora, son su herramienta para expresar su universo artístico y su mundo, el que ha vivido, el que le tocó vivir.

Inestabilidad en el trabajo, problemas de salud, condiciones laborales precarias y falta de una red de apoyo. La suma de todas estas circunstancias no tan extrañas hoy en día hicieron que Nelly, al igual que otras muchas personas en España, acabara teniendo que pasar por la dura experiencia de verse sin hogar.

Nelly Lucía Bastoflor nació en Bolivia, pero lleva desde 2005 en España haciendo un poco de todo. Mujer resolutiva, allí era profesora de educación física en un colegio, pero aquí ha pelado patatas en cocinas, planchado por horas, ha hecho pan y café para venderlo en la calle o trabajado como interna cuidando a niños y personas mayores. Con lo que ahorraba enviaba dinero a la familia y, a veces, se podía pagar una habitación. Cuando el dinero se acabó, se fueron también muchos amigos que antes le hicieron un hueco en sus casas y Nelly terminó en la calle y comenzando una nueva lucha.

Con una depresión, en tratamiento crónico por diabetes, con la ansiedad de no encontrar trabajo y de no saber dónde vivir, en septiembre de 2017 sufrió un ictus que le paralizó la mitad derecha del cuerpo, y aunque finalmente recibió asistencia médica le quedan secuelas como un brazo inutilizado que lleva en cabestrillo, a la espera de poder recibir rehabilitación.

Está esperando una ayuda por incapacidad y mientras, acude diariamente al Centro Abierto Geranios para personas sin hogar que Accem gestiona en La Ventilla, Madrid. Ahora lleva un mes en una pensión y puede dormir en una cama y ducharse con agua caliente. A pesar de todo, no pierde la esperanza de mejorar su situación. “Uno tiene que saber luchar, a eso hemos venido, a salir adelante. Yo tengo optimismo, aunque hay días que me da bajón”.

Mujeres migrantes

Decenas de miles de personas se desplazan en un viaje, en una experiencia, a la que llamamos migración y que tiene detrás un legítimo impulso y un derecho: la mejora de las condiciones de vida. Pero una vez llegadas al destino las mujeres migrantes tienen que enfrentar nuevos obstáculos como por ejemplo la doble o triple discriminación (género, origen y etnia o religión)

El trayecto migratorio es muy frecuentemente un espacio de vulneración de los derechos humanos. Las mujeres migrantes, como las refugiadas, se enfrentan al riesgo de caer en manos de redes de trata de seres humanos y otras formas de violencia.

En Accem trabajamos por la igualdad de trato y la no discriminación; en la lucha contra la trata de seres humanos y en la atención y acogida a mujeres migrantes en situación de vulnerabilidad.

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Migrante, dominicana, cocinera, dos estrellas Michelín a sus espaldas, muchos sueños cumplidos y la experiencia de hacerlos realidad a base de lucha y tesón. Un espejo, una fuente de inspiración para tantas mujeres que emprenden cada día el mismo camino que ella: la migración en busca de mejores condiciones de vida.

María Marte nació en la República Dominicana en 1978. Su vida es una historia de esfuerzo y pasión, de logros y obstáculos superados y de sueños cumplidos, incluyendo el formidable reto de mantener las dos estrellas Michelín del prestigioso restaurante madrileño Club Allard.

Al ser la más pequeña de ocho hermanos, María Marte se dio cuenta rápidamente de que tenía que empezar a buscarse la vida para conseguir sus metas. A los 12 años comenzó a trabajar en el restaurante de su padre mientras estudiaba en los descansos las recetas de su madre. Muy pronto creó su primera empresa de catering mientras educaba a sus tres hijos.

Tomó entonces la decisión que cambiaría su vida. Juntó todo lo que tenía en una maleta y de la mano de uno de sus hijos, emprendió el camino de la emigración a España con 24 años. Sus comienzos no fueron nada fáciles. En Madrid consiguió empleo fregando suelos y platos, empezó desde abajo para acabar convirtiéndose en la chef del Club Allard y en una de las 18 mujeres chefs que en España lo han conseguido (las mujeres chef con estrella Michelín solo son el 9% del total).

Ahora, en su momento de mayor éxito, María Marte da un nuevo giro a su vida y regresa a la República Dominicana. Cambia las estrellas por el compromiso social de construir una escuela en la que transmitir a mujeres con pocos recursos todo lo aprendido, incluidos los principales ingredientes de las recetas que preparó todos estos años: esfuerzo, valentía y fe en una misma.

Fátima nació en Marruecos. Es traductora, experta en intervención social para el empoderamiento de las mujeres, dinamizadora comunitaria en violencia de género y mediadora intercultural. Después de años como empleada de hogar, ahora trabaja apoyando a personas que, como ella, también llegaron desde otras tierras.

Fátima nació en Marruecos en 1979 y es la menor de cinco hermanos. En su país estudió derecho y trabajaba en el área de importación y exportación de la aduana. Además de su idioma materno habla inglés, francés, castellano, dialectos árabes de Oriente Medio, el Golfo Pérsico y el Magreb.

Sus hermanos habían emigrado muchos años antes y en 2002 viajó a España. Estar sin papeles durante cuatro años le supuso un alto coste no solo personal sino también para insertarse en la vida laboral.  Trabajó en Madrid limpiando y cuidando a personas mayores, hasta que después de una reforma a la Ley de Extranjería, pudo legalizar su situación en España.

Su primer trabajo en situación regular en España fue en una fábrica de cerámica, luego en una empresa de reciclaje y más tarde llegó a Accem por casualidad, sirviendo de traductora a una persona migrante.

Fátima ha estado en campos de refugiados en Atenas trabajando con personas refugiadas, también con personas en situación de calle y como mediadora intercultural en un centro de menores en España.  En la Oficina de Asilo y Refugio donde trabaja ahora, está al servicio de personas que han abandonado su país, lo que para ella significa una oportunidad de darles ánimos y decirles que, si ella ha podido salir adelante, ellos y ellas también pueden hacerlo.

Mujeres mayores

Cerca de dos millones de personas mayores en España viven solas y el 73% son mujeres. Mujeres que además de ser mayores y vivir solas pueden presentar elementos extra de vulnerabilidad como son vivir en el medio rural, ser migrantes, tener pensiones mínimas por haber trabajado siempre en el hogar o sobrevivir en situaciones de enorme precariedad.

Es muy habitual que las personas mayores no solamente vivan solas, sino que se sientan solas. Esa soledad deriva a menudo en un aislamiento que puede originar exclusión y daños físicos y psíquicos

Desde Accem fomentamos el envejecimiento activo y la sensibilización para concienciar a la ciudadanía de una realidad que tenemos que aprender a mirar.

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Tras toda una vida como profesora de historia del arte, María se jubiló el mismo año en el que la Academia de Cine le concedió un Goya por la película “Solas”. Desde entonces han pasado más de tres lustros de exitosa carrera en cine, televisión y teatro. Todo un ejemplo y un maravilloso espejo en el que mirarse.

María Galiana nació en Sevilla en 1935 y ejerció siempre su vocación docente como profesora de historia e historia del arte en institutos públicos de su ciudad. El mismo año en el que se jubilaba comenzó una segunda e inesperada vida: corría el año 2000 y la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España le concedía el Premio Goya a la Mejor Actriz de Reparto por su interpretación en la película “Solas”, dirigida por Benito Zambrano.

“Solas” es un drama sobre la soledad, la pobreza, los cuidados y los sueños ahogados, en el que María Galiana encarnó la fortaleza y sensibilidad de una mujer mayor a través de un retrato duro, tierno y conmovedor.

Su actividad como intérprete había comenzado algunos años antes cuando cumplidos los 50, una de sus alumnas le dijo que unos amigos buscaban una actriz de sus características para su película 'Made in Japan'. A partir de ese proyecto compaginó la docencia con papeles secundarios en diversas películas y series hasta que con 65 años el Goya le abrió las puertas a una nueva carrera.

Más adelante llegaría el gran salto a la fama de mano de la televisión, al dar vida al ya mítico personaje de Doña Herminia en la serie de TVE “Cuéntame”.

María Galiana continúa alternando este papel con numerosos trabajos en teatro, cine y televisión. No para y su vitalidad tampoco, sigue teniendo infinidad de proyectos en marcha, lo que la convierte en un ejemplo de todo lo que las personas mayores, y especialmente las mujeres, pueden aportar a la sociedad.

Felicidad vive en Atanzón, Guadalajara. Ha dedicado toda su vida a servir a los demás, cuidar de su madre, sus suegros y su marido. Todos los días espera con ansias a que llegue el jueves para asistir a las actividades de Accem para la promoción de un envejecimiento activo, donde desconecta de la rutina, el aburrimiento y la soledad.

Felicidad nació en el año 1938 en Atanzón, un pueblo de Guadalajara de poco más de 80 vecinos. Ella quiere llegar a los 105 años como Cesárea, una mujer del pueblo a quien admira. Aconseja a las mujeres a quererse a sí mismas, a compartir y a atreverse a hacer cosas diferentes, aunque sean nuevas, para no pensar en los problemas y olvidarlos.

Nunca ha querido irse del pueblo, primero para no alejarse de su madre y luego porque ahí ya había hecho su vida. Solo pudo estudiar hasta los 14 años, dedicándose después a los cuidados de su familia.

Vive con Abundio, su marido, un hombre de 82 años que tuvo que dejar su oficio de labrador pronto por problemas de corazón. Ahora cuida de él, como cuidó de su madre y como cuidó de sus suegros. No tuvo hijos y sus hermanos ya han fallecido, por lo que son sus sobrinos, que viven en otros pueblos, los que la ayudan para ir a las consultas médicas.

A Felicidad le gusta leer e ir a misa, aunque en el pueblo ya solo se celebran los domingos. Tiene amistades, aunque su mejor amiga ha cerrado el bar que tenía en el pueblo para irse a otro lugar y ahora la ve muy poco.

Dice que participa en nuestro programa de promoción de la calidad de vida y envejecimiento activo para quitarse preocupaciones de la cabeza, para hacer ejercicio físico y mental: “el tiempo que estás aquí parece que te renuevas, nos tratan muy bien y parece que tu vida te da otro caminar”.