Dolor por la muerte de más de 30 personas en la valla de Melilla

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Desde Accem compartimos un hondo sentimiento de dolor por la muerte de entre 23 y 37 personas en la valla fronteriza de Melilla en el intento de alcanzar una vida mejor, de llegar a nuestro país tratando de sortear de forma desesperada y peligrosa la valla que separa Marruecos de territorio español y europeo.

Todas estas muertes y los centenares de heridos, que nunca deberían haberse producido, son consecuencia de la falta de vías legales, reales y seguras para las personas refugiadas y migrantes. Unas vías que eviten la búsqueda de rutas y formas desesperadas para cumplir con un objetivo tan humano como es llegar a un territorio identificado como seguro, próspero y democrático, dónde poder vivir.

Hemos de repensar toda la política que realizamos, seriamente. El blindaje de la frontera sur de la Unión Europea para las personas refugiadas y migrantes que desde el continente africano intentan acceder a Europa genera mucho dolor y sufrimiento. La externalización de fronteras y el control migratorio que la UE lleva ejecutando desde hace años deja en manos de países que no son garantes del cumplimiento de los derechos humanos, la vida y el destino de refugiados y migrantes. En esta ocasión lamentamos todas estas muertes que son en su mayoría jóvenes africanos procedentes de países como Sudán, Chad, Níger o Eritrea, países cuyas circunstancias obligan muy a menudo a sus ciudadanos al desplazamiento forzoso y el exilio.

La frontera sur de la UE no debería ser un territorio exento de obligaciones y responsabilidades en la protección y salvaguarda de los derechos humanos, como el Mediterráneo no debe ser un cementerio. El acceso al derecho de asilo y a la protección internacional debe de estar garantizado para todas las personas, también para los refugiados africanos en la frontera sur. El derecho a la vida, a la integridad y a la dignidad deben estar por encima de cualquier otro interés, prioridad o circunstancia.

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