Este 8 de marzo enfocamos la mirada en la diversidad de mujeres con las que trabajamos para dar un paso más en nuestro compromiso con la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres y actuar sobre la invisibilidad a la que a menudo se ven abocadas.

MUJERES REFUGIADAS

En el mundo hay más de 26 millones de personas refugiadas y la mitad de ellas son mujeres. Son perseguidas por los mismos motivos que los hombres, pero también lo son por el hecho de ser mujeres: violencia sexual y de género, mutilación genital, matrimonio forzado, crímenes de honor, trata de personas, discriminación…

Cuando huyen de estas situaciones, durante su trayecto, también corren un mayor peligro que los hombres de ser sometidas a nuevos abusos, acoso, discriminación, violencia o trata.

En la actualidad no todos los países reconocen causas asociadas al género a la hora de conceder asilo, lo que restringe enormemente los lugares en los que pueden solicitar protección. Aunque España es uno de los países que sí contempla el género como motivo para la concesión de asilo, el proceso que deben pasar para demostrar a las autoridades las causas por las que son amenazadas y perseguidas es lento y duro

Cuando al fin encuentran un lugar seguro, se enfrentan a nuevas barreras en su proceso de recuperación personal e integración social y laboral.

En 2021, en Accem atendimos a un total de 4.307 mujeres refugiadas en España.

MIGRANTES

El trayecto migratorio es, muy frecuentemente, un espacio de vulneración de los derechos humanos. Las mujeres migrantes, como ocurre con las refugiadas, se enfrentan a mayores riesgos y violencias. Además, una vez llegadas al destino se encuentran con nuevos obstáculos, mayor invisibilidad, peor acceso al mercado laboral…

Aunque las mujeres representan la mitad de la población migrante en el país, se encuentran mucho más invisibilizadas. Son mayoría en empleos relacionados con el ámbito doméstico y de cuidados, ocupaciones alejadas del espacio público, del reconocimiento social y con muchas carencias en derechos laborales. Es un hecho que tanto el género como el origen son dos variables decisivas que inciden en términos de desigualdad en la situación de las mujeres migrantes, lo que tiene sus consecuencias directas en sus condiciones de vida.

Aunque la realidad de las mujeres migrantes no se circunscribe en todo caso al ámbito doméstico, ya que hay una amplia diversidad de perfiles con mayor o menor nivel de cualificación, los obstáculos y las trabas administrativas que suelen encontrarse limitan en gran medida sus posibilidades profesionales y laborales.

En el último año, apoyamos a un total de 5.146 mujeres migrantes en situación de vulnerabilidad.

MAYORES

En España, más de 2 millones de personas mayores de 65 años viven solas, y 7 de cada 10 de estas personas son mujeres. A menudo esta situación deriva en un sentimiento de soledad no deseada y en un aislamiento que puede desembocar en exclusión social con severos daños físicos, emocionales, psíquicos…

Socialmente, el envejecimiento se representa a menudo como algo negativo, por lo que, en muchas ocasiones, las personas mayores no son consideradas como elementos activos o valiosos de la sociedad. Esta realidad es aún más patente en el caso de las mujeres, en las que la edad y los cánones estéticos ejercen mayor presión social. De esta forma, a menudo se cruzan la discriminación por edad y la discriminación por género, tendiendo a invisibilizar aún más su presencia en la sociedad y dificultando su acceso a un envejecimiento activo.

Muchas de esas mujeres han dedicado buena parte de su vida adulta al trabajo doméstico y al cuidado de su familia directa, e incluso han seguido haciéndolo al llegar a una edad avanzada. Esa trayectoria de cuidados lleva a que su presencia en el espacio público haya sido muy limitada, lo que en muchas ocasiones lleva a estas mujeres a sobrevivir en situaciones de enorme precariedad por percibir una renta mínima y carecer de los suficientes vínculos sociales y afectivos.

En 2021, atendimos desde Accem a un total de 1.370 mujeres mayores.

MUJERES SIN HOGAR

El miedo es algo que las personas sin hogar destacan las pocas veces que se les pregunta sobre cómo es su vida. Y ese miedo se acrecienta en el caso de las mujeres, para quienes la calle se convierte en un territorio todavía más hostil al enfrentarse a situaciones de mayor violencia, abusos, amenazas…

Las personas sin hogar representan la cara más severa de la exclusión social, y, además, hacen frente a otra forma más de violencia, más sutil en su forma pero igual de agresiva para su dignidad: la invisibilidad.

Las mujeres suponen el 20 % del total de personas sin hogar y su camino es más largo y difícil de identificar. La violencia de la vida en la calle provoca que se establezcan formas específicas de sinhogarismo que afectan a las mujeres y que no siempre encuentran reflejo en la imagen estereotipada que compartimos sobre la vida de las personas sin hogar. 

Cuando llegan hasta allí, generalmente han recorrido un proceso más largo que el de los hombres y en peores condiciones. En ese momento, para ellas, el riesgo de sufrir todo tipo de formas de violencia es extremo y real.

En 2021, proporcionamos atención y acompañamiento a 752 mujeres en situación de sinhogarismo.