DMR 2015 – Sólo terminando con los conflictos armados y las enormes desigualdades acabará el éxodo de refugiados y refugiadas

El 20 de junio se conmemora el Día Mundial del Refugiado y tristemente se mantiene en toda su vigencia con cifras que superan el número de personas refugiadas que provocó la II Guerra Mundial. Según los datos de ACNUR al menos 56 millones de personas se han visto obligadas a dejar su hogar en busca de un lugar seguro a causa de la guerra, la violencia o la persecución.

Sobresalen como conflictos generadores de refugiados los que desde hace años se viven en Siria (casi cuatro millones de refugiados) o Iraq. También están los conflictos olvidados, aquellos que apenas ocupan espacio en las pantallas de televisión como son los que tienen a África como escenario. Decenas de miles de personas forzadas a abandonar sus hogares en países como Sudán del Sur, R.D. Congo, Nigeria, Mali, Eritrea, República Centroafricana o Burundi (1).

Todos estos conflictos y las personas que huyen llegan a nosotros por el mar Mediterráneo, poniendo una vez más su vida en juego en su intento de alcanzar territorio UE a través de un viaje lleno de peligros que sólo en su último tramo a través del mar ha podido provocar la muerte de 1.900 personas en lo que va de 2015 (2). Un viaje que con idénticas consecuencias dramáticas se repite en otras zonas del mundo como el Golfo de Bengala en el sudeste asiático, el Golfo de Adén frente a la Península Arábiga o en todo el territorio mexicano hacia los EE.UU.

En las últimas semanas se debate en Europa un posible reparto por cuotas entre los distintos Estados miembros para dar acogida a 40.000 personas. No parece demasiado acoger a 40.000 personas que huyen de la guerra y la desigualdad en un continente poblado por más de 500 millones de personas. Tampoco suena descabellado acoger a 4.300 personas en dos años para un país con 47 millones de personas como es España.

Para Accem se trata de una respuesta necesaria y obligada a una situación de absoluta emergencia humanitaria.

España cuenta con los conocimientos, la experiencia acreditada y una red de organizaciones especializadas para dar respuesta a este reto. Cuenta con un amplio territorio para repartir el esfuerzo de la acogida y cuenta con una sociedad solidaria, generosa y comprometida. Pero es fundamental dotar a este proyecto de los fondos y recursos necesarios para proporcionar unas condiciones dignas de acogida orientada a la integración social de estas personas.

Por supuesto, la acogida debe ir acompañada de otras actuaciones inaplazables como la implicación decidida de la comunidad internacional (¿?) y de Naciones Unidas (¿?) en la resolución de los conflictos que están provocando la muerte y el sufrimiento de cientos de miles de personas.

Y es necesaria una cooperación transparente, honesta, leal, sincera y de igual a igual con los países más empobrecidos del planeta, desprovista de imposiciones guiadas por una visión colonialista o mercantilista. Sólo trabajando de forma activa y decidida por la eliminación de las enormes desigualdades sociales y económicas y la resolución de los conflictos bélicos y políticos se posibilitará que las personas puedan elegir quedarse en su país y no se vean obligadas a abandonarlo.

Posicionamiento de Accem ante las decisiones de la UE tras los naufragios

Tras la reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la UE de ayer se ha vuelto a constatar la falta de voluntad de Europa para acabar con esta tragedia sin fin. Se aplazan las decisiones importantes hasta mayo y las que se toman distan mucho de formar parte de una política migratoria y de asilo a largo plazo y sostenible. Se vuelve a hacer prevalecer la defensa de las fronteras frente a los derechos de las personas y la solidaridad. Las dos importantes reuniones que se suponía tenían como objetivo concretar y aterrizar las propuestas en materia de inmigración y asilo nos han resultado muy decepcionantes [1].

Por eso pedimos a los lideres europeos que no repitamos los errores, los estados miembros deben mantener una operación de salvamento y rescate que impida que el Mediterráneo continúe siendo el escenario de muerte en el que se ha convertido. Esta actuación que ha de hacerse de forma inmediata y a corto plazo, el buen tiempo hará que estas situaciones se repitan, debe ser completada con otras a largo plazo de modo que se adopte un plan de acción coherente y con visos de ser eficaz y real. Por ello creemos que se deben reconsiderar algunos puntos.

  • La política migratoria y de asilo europea ha de basarse en vías de acceso legales y seguras y no ser únicamente una política de control de las fronteras. En la base de esa política ha de estar el escrupuloso respeto de los derechos humanos y fundamentales, de la legislación y del deber de salvamento. Esta política también ha de incluir líneas de lucha contra las redes de tráfico y trata de personas pero no sólo a corto plazo sino a medio y largo plazo. Luchar contra las mafias no es sólo eliminar barcos, con la operación militar que eso supone, pues ello no impedirá que busquen nuevas vías y métodos para burlar los controles fronterizos probablemente más peligrosos y costosos para las victimas.
  • Las operaciones Tritón y Poseidón no son ni suficientes ni idóneas. Pese al incremento presupuestario de Tritón, que es bienvenido por ser similar al de la operación Mare Nostrum, no tienen las características ni los objetivos de las operaciones de salvamento y rescate.
  • El reasentamiento de 5.000 personas refugiadas es claramente insuficiente. Europa debe ser más generosa y solidaria tanto con las y los refugiados como entre países miembros repartiendo la acogida. Las cuotas además deben ser definidas claramente. El que no se hayan definido y que la adhesión por parte de los estados miembros sea de carácter voluntario marca claramente la falta de compromiso y solidaridad. No podemos olvidar que nos encontramos en un momento histórico clave en el que se ha superado el número de personas refugiadas de la II Guerra Mundial.
  • El compromiso de devolución rápida de las personas que se consideren inmigrantes nos preocupa especialmente. Necesitamos conocer los procesos que aseguren que las personas serán tratadas con todas las garantías jurídicas, los tiempos, a qué países serán enviados y las premisas en las que serán basadas las devoluciones.
  • La mera externalización de fronteras no contribuirá a mitigar el drama humano que supone el tener que huir o salir de tu país. Mas bien al contrario ya que las personas quedarán atrapadas en países en los que no se respetan los derechos humanos y fundamentales y no tienen sistemas de protección adecuados. La cooperación no tiene nada que ver con esto. Además, no se están teniendo en cuenta las consecuencias sociales que pueden producirse en esos países, como son el incremento del racismo, la xenofobia o la discriminación.
  • Es fundamental el definir e implementar políticas que favorezcan la cooperación pero basadas en la colaboración al mismo nivel y para ello se ha de contar con la visión, la opinión y los ritmos de las poblaciones locales. El codesarrollo necesita que países emisores y receptores de migrantes estén al mismo nivel.

Lo que está sucediendo se puede y debe evitar y tiene unos responsables directos. Necesitamos compromisos políticos firmes y valientes. No podemos esperar más.

No es el momento de mirar hacia otro lado.

#UnaVidaesUnaVida

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[1]

Plan de acción de 10 puntos presentado por el Consejo conjunto de Ministros de Asuntos Exteriores e Interior del 20 de abril de 2015. >>

Declaración de la reunión extraordinaria del Consejo Europeo del 23 de abril de 2015. >>

Debemos recordar #UnaVidaesUnaVida

Las palabras no bastan para expresar lo que está pasando. La fosa común en la que se está convirtiendo el Mediterráneo se agranda ante nuestra impasividad. No vamos a decir nada nuevo porque estas muertes son iguales que las que llevamos viendo desde hace demasiado tiempo pero por eso mismo sentimos que debemos volver a decirlo:

  • Debemos volver a recordar que las personas muertas, así como las rescatadas, son inmigrantes pero también son refugiadas.
  • Debemos volver a recordar que las mafias matan, pero que mientras refugiados e inmigrantes no tengan vías de acceso legales y seguras a Europa no sólo seguirán ahí, sino que se harán más fuertes y peligrosas.
  • Debemos volver a recordar que los países desarrollados tenemos una responsabilidad sobre nuestras actuaciones en los países de origen.
  • Debemos volver a recordar que las operaciones de salvamento no constituyen un efecto llamada, constituyen un deber humanitario.
  • Debemos volver a recordar que inmigrantes y refugiados son, ante todo, personas.

Y por eso, no debemos olvidar que una vida es una vida sea de dónde sea.

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Accem

Stop Muertes en la Frontera Sur

Al menos 300 personas han muerto en los últimos días en el Mediterráneo cuando trataban de alcanzar las costas de Europa a bordo de cuatro embarcaciones, según ha informado ACNUR y según el relato de algunos de los supervivientes a la enésima tragedia en la frontera sur del continente europeo.

Las cifras son escalofriantes. Más de 3.000 personas muertas durante 2014. El Mediterráneo convertido en un enorme cementerio ante la impasibilidad de la Unión Europea.

En estos días escucharemos de nuevo la habitual letanía de lamentos y asistiremos a la representación grave de la preocupación ante lo sucedido por parte de todo representante político de la UE.

Una actitud cuanto menos hipócrita cuando los gobiernos de la Unión Europea han sido incapaces de relevar a Italia en la finalizada Operación Mare Nostrum que permitió el salvamento de más de 150.000 personas el pasado año.

En su lugar, la UE respondió con la puesta en marcha en el pasado otoño de la Operación Tritón, que no tiene como fin socorrer a las personas sino únicamente controlar las fronteras.

La Operación Mare Nostrum y sus 9,3 millones de euros mensuales de gastos eran asumidos únicamente por Italia. La Operación Tritón tiene un presupuesto mensual de 2,9 millones de euros, menos de la tercera parte.

Es por esto que el discurso de la Europa comunitaria aparece al menos como indiferente e hipócrita ante la tragedia que no cesa en su frontera sur.

Europa es una fortaleza. Su blindaje a cal y canto fuerza a decenas de miles de personas que tratan de escapar de la guerra, la violencia, la pobreza y el hambre a emprender desesperados viajes en los que arriesgan la vida y en los que en muchas ocasiones la pierden.

Como esta vez, con 300 personas fallecidas; como hace apenas diez días, con 9 personas muertas y 12 desaparecidas cuando intentaban llegar a España desde la playa de Boukana (Marruecos); como los veinte desaparecidos en una barca rescatada por un patrullero de Malta en los últimos días de enero; como los cinco desaparecidos en los primeros días del año, al naufragar la patera en la que habían emprendido viaje desde Argelia en dirección al litoral español.

Como la próxima vez, cuya cuenta atrás ya ha empezado.